Resistencias en vuelo
Momentos antes de la manifestación en contra de la OTAN que se realizó en Iruña, paseando por
la calle Taconera, descubrimos tres nidos de pájaro en los árboles que están situados a ambos
lados de este paseo. Sus ramas desnudas nos descubren los habitáculos que siguen reproduciendo
la vida, esta vez la de animales con plumas dentro de una ciudad.
Ocupamos el mismo espacio vital, con cemento incluido. Quizás esta capacidad que tiene nuestra
especie de transformar el espacio natural esté tapando las señales inequívocas que nos unen a la
vitalidad salvaje y silvestre del lugar común. Crea una jerarquía que posibilita la apropiación,
esquilmación y destrucción de la riqueza natural que se diluye entre las zarpas militarizadas del
tirano más cruel. Estados Unidos y su eje otanista-sionista es su máxima representación, en el que
estamos incluidos por gracia del estado español y francés pese a nuestro rotundo NO dado en
Hegoalde en el referendum del año 1986.
El eje imperialista que utiliza la guerra en todas sus expresiones, también en nuestro nombre. Su
actividad se ha recrudecido en la agonía de un capital ebrio de la sangre de los pueblos aplastados
en su búsqueda de nuevos territorios que sacrificar. Por medio de las armas, de los medios de
comunicación, de la poltrona política institucionalizada… domina nuestras vidas. Crea adictos a sus
mensajes de salvación del mundo a través de la utilización determinada del genocidio y del
ecocidio.
Ante esta escalada de muerte en la cruda pelea por el expolio de los bienes comunales que sigan
alimentando la energía que el sistema necesita para su supervivencia, ha llegado la hora de la
organización de la resistencia. Resistencia que tendrá que huir de los mensajes proselitistas que
repiten las mismas consignas del amo, aunque sea en el tema de necesidad de implantar sus falsas
renovables. Todo está unido a la imposición de una cultura rígida y monolítica que obedece a las
necesidades de expansión de los dueños del planeta.
Una cultura globalizada y ajena a las culturas autóctonas arraigadas al territorio en su sabiduría y
hacer propios. Culturas que sobrevivían gracias al común localizado en su precisa representación.
Ahí está el caso de nuestra cultura, con el euskera como eje vertebrador de lo comunal que habla
por sí mismo. Ayer, los cánticos de los pájaros en Iruña se fundían con los gritos a favor del
euskera. Hoy mendialdea despertará con otros pájaros, otras voces en favor del euskera, pero en
un territorio común, desde donde volver a organizar la resistencia que nos refunda con el sentido
del pájaro en su vuelo.
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