Molestar y Malestar
Hace tiempo que el Estado del Bienestar no es una expresión aceptada casi ni como utopía. El Estado actual parece ser más el del malestar y ese malestar se traduce en Estados de molestar casi permanentes.
Personalmente, creo en molestar si el objetivo es transformar el malestar, engrasando la bisagra, aparentemente maltrecha en estos días, entre lo individual y lo colectivo. Con ese objetivo, sí, creo que son tiempos para la molestia como estrategia de autodefensa individual y colectiva, y si me lo permiten, también para la modestia, porque ninguna persona sola va a tener recetas ni herramientas para la transformación que necesitamos.
Son tiempos en los que el ruido es constante, en los que los que reinan confusiones varias, en los que la inteligencia se está convirtiendo en algo delegado en máquinas y en los que incluso en espacios en los que se visibiliza el malestar y se organiza el molestar, es complicado enfocar la molestia.
Personalmente mis molestares irán hacia quienes promueven acciones y argumentarios en los que se sitúan:
Los campos como moneda de cambio
Lo esencial como accesorio
Lo necesario como excepcional
El negocio como prioridad
El descanso como lujo
El ocio como un simple contenido
Los vínculos como enemigos
El extractivismo como política
La violencia como compañera
La vivienda digna como fantasía
El ruido como aliado
El miedo como herramienta
El odio como bandera
El otro como amenaza
Los derechos como lujos
El fascismo como línea de llegada
Y en ese reconstruir bisagras entre lo individual y lo colectivo, tan importante es situar el objetivo de la molestia, como identificar a quién tener de compañerxs en el camino. Y para ese camino yo elijo a quienes ven:
Cultivar como tarea
La tierra como amada
Las otras como sostén
La vecindad como resistencia
La diversidad como riqueza
Acuerparse como estrategia
La esperanza como compañera
La rabia como combustible
El llanto como llamada
La risa como tonada
Elijo molestar y sostener, elijo pelear mientras comparto y elijo transformar mientras abrazo.
No me conformo, no me callo, pero cuido, o lo intento, mientras tanto.
A ratos, se hace difícil esta simultaneidad, tan difícil como necesaria. Porque nuestros molestares, a diferencia de otros, lo que defienden es sostener presentes que construyan vidas y sostener vida para construir futuro(s).
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