La lacra del“guayismo”
Una de las peores enfermedades de nuestro pequeño cerco ideológico es la superioridad moral e intelectual de la que creemos ser dueñas y sobre la que alardeamos constantemente. Esa actitud que desahogamos sobre las que creemosinferiores o equivocadas nos hace rebajarnos a un nivel que nuestro discurso ni siquiera alcanza a verbalizar.
Somos injustas al creernos en un escalafón superior al resto y no vemos que todos nuestros principios y luchas se van por el desagüe cada vez que nos posicionamos de esa manera, estamos construyendo una relación de poder más, una tan peligrosa que no somos tan siquiera capaces de visualizar.
Y es que es una constante en todos los movimientos sociales y políticos que abanderan la lucha de la izquierda más radical, más abierta, más tolerante, más feminista, más ecologista o más revolucionaria. Es hora de mirarnos a la cara y de afrontar que vemos algo que no nos gusta.
Las menos críticas dirán que es un ataque gratuito, que me hallo “en el otro bando”, que estoy tirando piedras sobre mi propio tejado, pero ya es hora de reformar este tejado y ver sobre que se cimenta. Si tan estables y tan inquebrantables son esos valores y esos ideales no puede ser que se puedan medir en grados de mayor o menor implicación, en mayor o menor importancia o en mayor o menor compromiso.
Todo eso es lo que crea jerarquías entre los miembros de la misma lucha, establece quién es relevante, la opinión de quién prevalece y lo peor de todo, quién está por debajo. Quién es más abertzale, quién es más feminista, quién es más euskaltzale, quién es más ecologista… quién es más guay. Porque esa es una de las mayores lacras que envenena toda iniciativa legítima, el jodido “guayismo”.
Parece que si no vas a todas las bileras, si no estás en todas las manifestaciones o si no llevas una estética concreta ya no eres digna de tener en cuenta. Parece que la implicación y el estatus se puedan medir a través de números. Y esas medidas de cuantificación de la calidad de un miembro de un movimiento social convierten a dicho movimiento en una causa vacía que ha perdido uno de sus objetivos primordiales: el cuidado de los suyos, la no jerarquización y la empatía con cada circunstancia personal.
Porque es muy fácil hablar de lo de fuera. De eso contra lo que luchamos o de lo que otras hacen mal o se debe mejorar. ¿Pero y cuándo nos toca hacer autocrítica y darnos cuenta que no podemos seguir con ciertas actitudes? Porque ver nuestros ideales sobre el fango, a ras del suelo nos parece impensable y aborrecible. Pero esa es la realidad, dejemos ya los juicios de valor, el chismorreo, la crítica destructiva y el colgarnos medallas por banalidades y establecer jerarquías intelectuales entre nosotras cuando la realidad es que no merecemos abanderar ninguna lucha si no podemos garantizar un mínimo respeto y cuidado hacia las nuestras.
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5 thoughts on “La lacra del“guayismo””
Muy de acuerdo. Lo de valorar por presencialidad de los curros (parece que hace más quien más horas echa…) no puede invadir la cultura del activismo. Se sabe que al final muchas asambleas se quedan con los que más tiempo tienen y más alto gritan y pierden a gente súper váilda a cambio.
Coincido con la crítica de base, pero me parece demasiado simplista, es cierto que existe ese “guayismo” es algo mas de la.militancia: el parecer y la.meritocracia. Pero también hay que hacer una autocrítica de como la ideología del capital; el individualismo y cierto hedonismo hace de la.militancia política un activismo progre en el que invertimos unas horas a la semana como salvaconciencias o apariencia.
De hecho pensar que todo el mundo aporta lo mismo, y forma parte de esa comunidad de lucha sería bastante simplista y un ejemplo de como la moral burguesa nos atraviesa.
Las circustancias personales,ritmos y necesidades individuales hay que “respetarlas” pero enmarcarlas en lo colectivo, hay que hacer una análisis continuo de nuestra manera de vivir y como estamos construidos para que prevalezca el yo sobre la comunidad mas cercana y de como parcelamos nuestras vidas.
Se agradece el artículo, benetan. Ya desde hace años se valora más el continente (la imagen, el postureo, el dejarse ver en tal escena) que el contenido. Y al hilo de esto, ha habido una notable degradación intelectual en el discurso. Cosas del postmodernismo y la generación Twitter, poco dada a profundizar, supongo…
Artículo para subir puntos en la escala de guayismo o para hacer bajar al resto. En la militancia hay mucho postureo, mucho presencialismo y mucho picaflor. Como en casi todas partes. Somos animales de costumbres y, por tanto, predecibles. Quien se crea diferente, que se baje de su pedestal de superioridad guayona.
https://youtu.be/Z_Wp9LOUjK8
Sin acritud