La defensa de lo común
La última capa vegetal que osaba cubrir el resto del territorio ocupado se va diluyendo entre hierros.
Ahora las placas asoman esplendorosas en las modernas plantaciones fotovoltaicas. El sol ha
renovado su protagonismo y ya no es necesario que se dedique a sus antiguas funciones
fotosintéticas. Alzando la vista hacia la montaña, un calvario de cruces anuncia su defunción. Las
ofrendas de murciélagos y aves necrófagas no han aplacado la ira del dios dinero, que necesita
engullir más montaña, más animales, más personas y más zona rural para sobrevivir. El paisaje
vasco no es ajeno a estos desmanes y siguen amoldándolo a las nuevas exigencias de la industria
moderna, empujado por unos políticos que sólo quieren prosperidad para sus socios empresarios.
Como ocurre con el lehendakari Pradales que en la inauguración del Foro Capital de la Fundación
Vital arremete contra todo el tejido biodiverso, natural, agrícola y social del territorio alavés al
presentarlo como el territorio idóneo para una nueva industrialización de Euskadi. Ha dicho que hay
suelo suficiente, para encementarlo añadiríamos, y que es un nudo de conectividad. Quiere dibujar
el progreso en su expresión más humillante. Sus palabras hablan de un territorio destinado a ser
regalado a empresarios amigos para que lo exploten según los planes antidemocráticos que marcan
la hoja de ruta del capital de una Unión Europea en caída libre y con intereses en renovar la
industria armamentística para su revitalización como potencia geopolítica.
En este mismo Foro se encontraba el antiguo ejecutivo de la empresa BP Mikel Jauregi. Hoy actúa
como consejero de industria del Gobierno Vasco. Se trata de empresarios que eventualmente un día
pueden ocupar puestos en empresas energéticas y que al día siguiente pueden ser nombrados cargos
institucionales o del partido. Íñigo Ansola es un gran conocido del movimiento contra las centrales
eólicas de Euskal Herria. Hace más de 15 años lo veíamos en su puesto de ejecutivo de la empresa
Eólicas de Euskadi participada por el Gobierno Vasco e Iberdrola. El Gobierno Vasco vendió a
Iberdrola su parte pública de las centrales eólicas construidas en este período. Unos años después,
siendo director de la empresa pública el Ente Vasco de la Energía, EVE, promovió junto con
Iberdrola una nueva empresa junto con Iberdrola llamada Aixeindar. Esta empresa ha sido la
impulsora de las ampliamente cuestionadas centrales eólicas de Montes de Iturrieta, ya caída por
sus afecciones naturales y fuerte oposición social, la de Labraza y la de Azazeta y la mixta de
Laminoria, también caída en su vertiente eólica. Ahora es presidente del Bizkai Buru Batzar. No
necesitan más tapadera legal que la de organizar una nueva empresa público-privada para que el
dinero público se trasvase a una empresa energética privada.
Las empresas Repsol, Solaria, Petronor, Nortegas, Sidenor, Saitec, Naviera Murueta.. están en este
ajo y ahora también se suman las empresas del Grupo Mondragón como son LKS y Krean para
formar parte de este entramado que optiene favores millonarios de la parte pública. El ejemplo de la
central fotovoltaica Ekienena es uno de ellos. 200 hectáreas de tierras de cultivo con el coeficiente
agroecológico más alto la CAPV. El periodista Ahoztar Zelaieta lo ha estado investigando. En estos
últimos 6 años de la falsamente llamada transición energética el número de empresas públicas
participadas de energéticas va en aumento. Se ve claramente dónde está el negocio.
Por eso da pavor que se fijen en tu territorio, porque se convierte de facto en territorio a colonizar, a
saquear, a encementar. Si antes el discurso de la preservación de la biodiversidad como medio para
el desarrollo industrial renovable tenía una importancia mediática, ahora que la careta se ha caído,
la industria de no sabemos qué, de nuevo es la excusa perfecta que va a dirigir este expolio.
Hasta el mismísimo Elon Musk dicta sentencia en el foro de Davos. Quiere que la Península Ibérica
sea la central eólica de Europa. En esta misma dirección, Iberdrola, Naturgy, Repsol y Moeve
reclaman en Davos un giro urgente para convertir al Estado español y Portugal en el motor
energético e industrial verde de Europa, instando a la desregularización de las leyes que son un
obstáculo para sus fines.
Podemos deducir que son las transnacionales energéticas las que han tomado el mando de las
políticas institucionales, ellas son ahora las que nos gobiernan.
Sin embargo, su tan cacareada transición energética muestra signos de haber fallado en sus
objetivos de descarbonización de la industria y el transporte y en sus planes de sustituir a los
combustibles fósiles por la energía renovable industrial. El último informe de la fundación Sustrai
sobre el consumo eléctrico en Navarra es muy significativo. Atestiguan que, a pesar de la extensiva
implantación de renovables eléctricas industriales en el territorio, ha subido el consumo de
combustibles fósiles y ha bajado el consumo eléctrico en esta comunidad. La tan alabada
descarbonización no llega y el territorio queda a merced de unas decisiones donde el pueblo es el
convidado de piedra, el que lo sufre y al que se le usurpa la capacidad de articularse en torno a
decisiones que signifiquen la posibilidad futura de una vida organizada sobre una distribución de los
bienes comunales y que esté sujeta a la posibilidad de su reposición.
Negocios que deslumbran en sus inicios pero que acaban obsoletos en poco tiempo después de
haber invertido las expresiones naturales y sociales que daban coherencia a un territorio. Como la
destrucción del tejido agrícola alavés, después de soportar años de políticas neoliberales ahora le
dan la punzada regalando sus tierras a la industria de las placas.
La reversión de estas políticas ecocidas y de sumisión no van a venir de declaraciones
grandilocuentes en los foros de Davos, tampoco de los Foros Capital de fundaciones bancarias, ni
siquiera de pertenecer a una organización imperialista como es la OTAN. Tampoco de personajes
políticos que suspiran por la soberanía en abstracto mientras son lacayos de estas empresas y son
sumisos a las estructuras de poder organizadas para seguir con estos abusos.
Es un fastidio pero toca organizarse para dar batalla en torno a la defensa de lo común.
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