El mundo en un reel
Esta última temporada está siendo dura a nivel emocional, físico y anímico en
general. No estoy en la mierda, pero noto que mi cabeza busca muchos escapes para no
pensar, pasar el tiempo y entretenerme un rato con cosas vacías que no me supongan
esfuerzo y me vengan dadas como para zombificarme un poco el cerebro, que a veces es
necesario. No es bonito pero son cosas que pasan, qué le vamos a hacer.
“Afortunadamente” (así, entrecomillado irónico), vivimos en una época perfecta para
ello. Si no te da el coco para leer un libro, para hacer una manualidad, ver una película o lo
que sea que te haga despejarte, no importa: coge tu móvil, abre alguna red social donde
puedas ver reels, shorts, tik toks o la palabrita inglesa que te apetezca y tendrás
entretenimiento para rato.
Así he descubierto un mundo nuevo que asombra y aterra a partes iguales.
Constantemente se asoman vídeos de gente viajando y descubriendo rincones que nadie
conocía, hasta ese momento; tradwifes (o mujeres que siguen las tradiciones más rancias
de parir, cocinar, limpiar, servir, parir, cocinar, limpiar, servir, una y otra vez y todo a la vez)
que hacen pan de masa madre y mantequilla casera para desayunar mientras sus maridos
son los que trabajan fuera de casa, como Dios manda; gente que hace muchas cosas muy
interesantes, que de tanta gente que son y de tantas cosas interesantes que hacen me
generan ansiedad por estar quedándome atrás o desperdiciando mi vida, aunque no sea
cierto en absoluto. Todo esto por poner algunos ejemplos, pero hay más.
Gender revels o las fiestas del rosa y azul para, cada vez antes y más intensamente,
marcar a los seres humanos de manera binaria según lo que tengan entre las piernas
(aunque luego seamos les trans les culpables de reafirmar el género, ¡ja!), la romantización
de la cocina y la limpieza de casas beige y “aesthetics” (aunque las personas dedicadas a
sostener la vida y quitar la mierda real del mundo sean mujeres migrantes, empobrecidas,
acosadas y maltratadas por un sistema que las invisibiliza y precariza sin ningún
miramiento), las compras compulsivas que tienen a repartidores conduciendo cientos de
kilómetros cada día en trabajos precarios y peligrosos (de esto hablamos en otro momento),
a personas trabajando 22 horas al día por un dolar al mes y contaminando ecosistemas
enteros sólo para tener armario, cocina y decoración actualizada cada cinco minutos.
Estas vidas que nos enseñan las redes son el espejismo de un mundo que no es
real, sólo una pantalla visualmente bonita para que obviemos que la realidad que habitamos
es extremadamente hostil, que el fascismo crece a pasos agigantados y que el cambio
climático es un hecho al que no todes sobreviviremos. Y esto está intrínsecamente
relacionado con los vídeos anteriores.
La gente necesita desconectar porque las vidas que hemos construido, que son las
únicas que los sistemas de opresión que habitamos nos han permitido, nos consumen y
amargan mientras viajamos en metros saturados, trabajamos jornadas de trabajo
insasumibles y por sueldos que no llegan para pagarnos un techo ni para dar la calefacción,
si la tienes. Desconectamos para no pensar en todas las cargas que tenemos encima
porque el mundo tampoco nos permite espacio o herramientas para ponernos a
solucionarlas.Y en esa necesidad de desconexión, se nos cuelan imágenes que van
calando poco a poco en nosotres y en nuestres jóvenes, imágenes llenas de simbolismo
que instauran un tipo de vida, de experiencias y de formas de habitar el mundo que unifican,
clasifican y normalizan de manera que seamos, aún más, una masa ingente que consume
en los mismos sitios, de la misma manera y de forma continuada. Ideologías reaccionarias
que constriñen el mundo
El capitalismo ha sabido extenderse generando necesidades que realmente no
salvan a nadie, el mercado lo domina todo y no tiene reparos en arrasarnos con tal de ganar
unos cuantos euros más. Los saberes tradicionales importantes se han convertido en
actividades que monetizar en internet, centrando la importancia en los likes y las
visualizaciones y generando contenido que nos mantenga enganchades a un aparato que
causa genociodio y explotación, desertizaciones y contaminaciones masivas en lugares del
planeta que sufren cada día, y desde hace siglos, las consecuencias de nuestra
“modernidad”.
Creo que una desconexión masiva podría tener un gran impacto en ese 1% que
controla la riqueza mundial. No hablo de un día de apagón, aunque nos sirva para darnos
cuenta de que nuestras vecinas tienen nombre y que podemos echarnos la tarde en la plaza
charlando y comiendo pipas. Creo que el 99% tiene que poder hacer algo, tenemos que
vencer el espejismo de las redes, el engatusamiento de lo visualmente encandilante y, de
manera crítica, quitarle el poder a esos vídeos que tanto nos adormecen.
Las redes sociales son útiles, sí, y pueden generar cambios y conectar a gente de
forma positiva en muchos aspectos de la vida, pero la individualización y la persecución a
toda costa de rentabilidad en unos espacios, reales o simbólicos, que han sido generados
por empresas multimillonarias y que nos dan de forma gratuita para que los tengamos al
alcance de la mano, no pueden sino llevarnos a los mismos lugares de siempre,
perpetuando conductas y estereotipos, políticas reaccionarias, comportamientos dañinos
para el mundo y para todos los seres que lo habitamos.
. Apaguemos el móvil de vez en cuando, empecemos poco a poco a cambiar
dinámicas. Pon carteles en papel en la calle, queda con tus colegas para hablar en persona.
Recicla, compra de segunda mano, vive experiencias que no necesiten ser mostradas ante
miles de personas. Empecemos poco a poco.
Kris Nogal
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