“Antropoceno” -Julia Itoiz ‘La Chula Potra’-
La unión Internacional de Ciencias Geológicas ha propuesto este nombre para designar la época geológica actual. Define toda la alteración irreversible y global de las condiciones biofísicas y geológicas a consecuencia de nuestra actividad humana.
El Antropoceno involucra a todo el planeta, en un proceso de tiempo muy largo y que puede desembocar en la extinción de las condiciones biológicas que permiten nuestra vida sobre la Tierra.
Este cambio es fruto del colonialismo, el capitalismo y el consumismo que han convertido la agricultura, la industria y las ciudades en insostenibles. Por eso, además de un debate geológico, es un debate económico, político, sociológico, filosófico, cultura. Deberíamos ser capaces de lograr repensar nuestra relación con la naturaleza, también con otras culturas, otras personas, y poner toda nuestra inteligencia y conocimiento global en enfrentar este tremendo cambio planetario.
Y para ello, lo primero es no tomar el Antropoceno como una categoría científica cerrada que debamos sufrir, sino que es una llamada a construir otro futuro que el que parece nos estamos condenando a vivir.
El Antropoceno llama a repensarnos como Humanidad integrada en la historia de un planeta. Ser capaces de aceptar e integrar en todas nuestras ideologías y hábitos cuestiones tales como:
- Nuestra vida es igual a la del resto de especies. No somos sobre la naturaleza, sino dentro de ella. Humildemente, no somos más allá que un precario logro biológico.
- Debemos celebrar la diversidad, tanto de especies como de culturas, puesto que forman el sistema en el que somos. Reconocer su valor intrínseco, que no instrumental. Porque además esta diversidad reconocida, es necesaria para enfrentar el reto medioambiental que precisamos para sobrevivir.
- Si bien el reto es global, la actuación básica es la local. No se trata de un planeta y un modelo humano genérico. Se trata de nuestra casa, nuestros hábitos, nuestra mente. La de cada cual. Cada persona del planeta es responsable desde su lugar específico de este tema. El reto pues, es más bien el de despertar la conciencia a esta situación geológica, pero también económica, política, sociológica…
- Para salvarnos debemos ser creativos. Ya nada de lo de antes vale, porque nunca tuvimos que vivir estas circunstancias. Y desde occidente, nos empuja a abrir nuestra mente a otro tipo de conocimientos que en su día infravaloramos en nuestra colonización por todo el planeta.
- El Antropoceno es un tiempo para el compromiso, la esperanza, la preocupación. No caben pesimismo, apatía, catastrofismos, fascismos. Es momento de repensarnos, de autoconocernos y emprender el cambio. Es tiempo de oportunidades, de esfuerzos. Pero también es tiempo de volver a la vida en comunidad, de ralentizar modos de vida, de bajar el consumo y por tanto, bajar la producción y por tanto, bajar la cantidad de trabajo necesario para ello. Es tiempo de pensar. De Crear.
Este Antropoceno nos obliga a repensar nuestra organización colectiva:
- El voto ya no vale por sí solo. Es necesario crear más espacios, más amplios e inclusivos, en el espacio y el tiempo, que conlleven otro tipo de pacto social, de compromisos ciudadanos.
- Es tiempo para la solidaridad. La precariedad de la situación humana es tal, que solo la ayuda mutua como rasgo cultural puede salvarnos. Es reconocer que somos codependientes. Pero también es reconocer que la vida entendida así es más feliz. Nos necesitamos tod@s. Sin distinciones.
- Las antiguas constituciones de representación parlamentaria, carácter burgués y universo capitalista ya no sirven. Debemos refundarlas con otra definición de lo humano, encajado con el medio.
- Refundar la idea de lo qué es público. Si nos reconocemos como parte de un sistema natural más amplio, no podemos considerar los ecosistemas que necesitamos y necesitan otros seres para la supervivencia como nuestros, y sujetos a documentos de propiedad jurídicos o transacciones monetarias, porque nada vale más que la vida misma. Como podemos permitirnos el lujo de pensar que la tierra, el agua, los montes, son nuestros?
- Transformar radicalmente el antropocentrismo del derecho. Ampliarlo al resto de seres con los que vivimos.
- Abandonar la figura de recurso natural. El medio no es un recurso listo para ser explotado, ni nuestro desarrollo debe estar sujeto si o si a la extracción de esos recursos.
Este gran reto obliga a actuar ya. Y debe serlo a través de acciones visionarias, concretas, decididas. Debemos ser capaces de tejer otro tipo de políticas públicas. El primer paso, es abandonar las políticas fragmentadas. Cada ciudad debiera ser capaz de debatir el modelo que necesita ser, y diseñar las políticas con un sentido común basado en ese modelo consensuado. Y también debiéramos ser capaces de diseñarlas con la colaboración íntima con el conocimiento científico.
Debemos involucrar profundamente a través del sistema educativo a las nuevas generaciones en este reto. Por lo que también tiene como consecuencias transformaciones profundas en el sistema educativo. Porque no se trata de añadir unos contenidos específicos, sino transformar la persona para la adaptación a las nuevas condiciones, abandonar la idea reduccionista de que somos individuos relacionándonos con un medio, revisar los métodos pedagógicos y los científicos, poniendo el foco en los procesos cambiantes y no en el resultado final, ya que ahora mismo, la humanidad no sabe como va a ser el futuro. Debemos educar ciudadanía que enfrente con humildad, gratitud y visión de complejidad el planeta y su especie interconectada. Y para eso hacen falta buenos profesores, y para eso, el oficio de maestro debe valorizarse como uno de los más importantes de nuestras sociedades, junto con el de agricultor ganadero.
Debe potenciarse la interdisciplinar, la colaboración entre saberes, ciencias, academias y sociedad. Porque el origen del problema es la forma de conocer que instauramos hace 3 siglos, al menos. Debemos abrirnos a otro tipo de conocimiento también, porque cualquier ayuda es importante para el reto. La ciencia es una de las madres de este desastre.
Y por último, de momento, el Antropoceno nos llama a recobrar una dimensión de la vida en la que somos parte de algo más grandes, aquello que consideramos como espiritual. No se trata de religión, sino de no permitir una relación con la Tierra por lo que podemos sacar de ella. Y empezar a cuidarla, cuidándonos a su vez nosotr@s. Vidas más atentas, solidarias, más amorosas. Desde el reciclaje hasta la justicia social, desde una huerta en casa hasta la protección de los acuíferos. Cambiar el término de Bienestar por el de Buen Vivir, que pone el foco no en el individuo sino en la comunidad, y a su vez en la relación de esta con el medio natural. Como consecuencia, la tierra ya no está sujeta a títulos de propiedad, sino que la comunidad se convierte en custodia de la tierra.
Dicen que ya hace muchísimos años la humanidad se enfrentó a algo parecido, cuando ese primate africanos superdepredados se extendió por el mundo arrasando con todo aquello que le servía para sus hábitos. Entonces también alcanzaron límites que no podían superar, cuando exterminaron especies como los mamuts y la gran mayoría de grandes mamíferos de la pradera europea, por ejemplo. En ese momento también la humanidad se tuvo que repensar, en procesos locales pero también dolorosos. De la superación de esas situaciones surgieron los pueblos indígenas. Si una vez lo hicimos, otra vez podremos lograrlo.
Los y las vascas tenemos mucho que decir.Somos un pueblo indígena que se siente custodio de su territorio y que como occidentales, estamos tecnologizados y muy cerca de los espacios de poder de la UE o de la ONU. Tenemos una gran responsabilidad con el resto de la Humanidad.
Buen año postpetrolifero, Gasteiz!!!!!!!!!
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