La fábrica de la muerte
Traer la muerte a la vida, como rutina cíclica que envuelve el halo que recubre a cada ser vivo en su trayectoria vital. Asegurar que entendemos la belleza de este gesto que nos ha otorgado la naturaleza como parte intrínseca de sus condiciones de posibilidad de existencia. Abrazar el cambio continuo que nos guía en los procesos que atravesamos durante nuestra corta vida. Adoptar la sabia decadencia de nuestros cuerpos en su pasar. Alimentar el sentido acogiendo como propias las luchas vivas que disputan el rumbo señalizado por las fuerzas de dominación. Vivir conscientes en la oportunidad de estar sujetos a una tierra que ennegrece las manos que la trabajan en su quehacer diario. Aprender a distinguir el muro que separa la muerte esperada de la muerte fabricada.
La fábrica de muerte va de la mano de la industrialización a la que nos someten en nuestra vida diaria. También industrializan la comida. Pasándola por la mano de grandes empresas que buscan lucrarse de una necesidad irrenunciable: la alimentación. Tenemos el ejemplo de los tomates hidropónicos en Tuesta. Fábrica que ha recibido de nuestras instituciones, de nuestros bolsillos, 5,5 millones de euros para su puesta en funcionamiento. Promesas de abundantes puestos de trabajo y de revitalización de la zona llegan junto a estos megaproyectos. La realidad es tozuda y, una vez revertidas las resistencias locales, se desenmascara sola esta mentira mil veces utilizada. La empresa afortunada es una filial andaluza con nombre alavés, para mayor burla, y los tomates se venden como KM0 en la cooperativa vasca por excelencia, Eroski, a precio de lujo. Ocurre lo mismo con la leche de la megagranja de Caparroso en Navarra, aunque este producto va destinado a una capa de población con menos recursos en su etiquetado de marca blanca. Explotación animal, explotación de personas, contaminación del suelo, del agua, uso intensivo de energía, recursos públicos… en fábricas de muerte. El siguiente paso viene de la mano de la producción de carne y pescado en laboratorio. Ya hay planes en marcha.
Alrededor de esta fábrica de tomates están proyectadas decenas de centrales fotovoltaicas que compiten con las tierras de cultivo y que desplazan la figura de las personas que trabajan la tierra convirtiéndolas en no necesarias. Una empresa química, centros de datos… la convierten en zona sacrificada.
Me imagino este mismo dinero dedicado a la conversión agroecológica de la zona. La sensación de deriva político-empresarial del modelo establecido hace difícil pensar en la posibilidad de que este simple pensamiento sea verosímil.
Este fue un punto tóxico de la gira que un grupo de ekofeministas señalaron en Araba para dejar al descubierto estas fábricas de muerte y para hablar con las mujeres de estos lugares que resisten a estos envites de una manera tenaz. Es el caso de Labraza, donde un proyecto eólico lleno de irregularidades está siendo obstaculizado por una junta administrativa que preside una mujer luchadora, aunque su ayuntamiento, Oion, ha colaborado con la empresa promotora. Otro punto caliente de la gira ha sido Aramaio, a sacrificar para que las fábricas de la cooperativa Mondragón tenga sus tejados libres de placas fotovoltaicas. Sacrificios del populacho para que la máquina de hacer dinero siga su curso. Encadenando y comprando, de paso, a personas trabajadoras con un sueldo que promete aspiraciones mayores de las de su clase de pertenencia.
Pradales no deja de decir que el apoyo a la industria va a ser el eje que impulse sus intervenciones políticas. El gobierno navarro sigue el mismo camino. Una mirada de progreso ilimitado que ninguna izquierda parlamentaria es capaz de oponer.
Ha llegado la hora de cuestionar las fábricas de muerte. De rebelarse contra éstas. De organizarse en torno al qué necesitamos producir, cómo lo vamos a hacer, con qué energía, cómo podemos inutilizar la acumulación capitalista, cómo salirnos del mercado que todo lo pudre. Cómo queremos alimentarnos, cómo vamos a restaurar un metabolismo social que hace tiempo ha roto con la naturaleza …
Euskal Herria no necesita estos modelos político-empresariales que fumigan la vida y sus expresiones más genuinas. Necesita personas que resistan a este envite y luchen por una perspectiva transformadora que nos independice del mercantilismo ecocida. Seamos ricos en vida.
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