Se nos rompió el amor
Hace un rato estaba cantando “Se nos rompió el amor de tanto usarlo”. Qué canción
tan bonita, aunque yo no creo que el amor se pueda romper de tanto usarlo; creo que el
amor crece cuanto más se da, cuanto más se recibe, y se rompe si se da sin conciencia, sin
límites y sin reciprocidad. Sobre todo, creo que ahí está la cosa: debe ser dado y recibido a
partes iguales; si se descompensa, la máquina se oxida y deja de funcionar.
Se ha escrito mucho sobre el amor, usualmente sobre el amor romántico, del que
ahora, afortunadamente, seguimos escribiendo pero con la idea de destruirlo, de
reinventarlo, de transformarlo en algo mucho más sano de lo que estamos acostumbrades a
vivir. La pareja normativa, heterosexual, monógama y con tendencia a la procreación ha
sido la vara de medir de las relaciones amorosas satisfactorias, y aunque poco a poco se ha
ido ensanchando ese patrón, ha costado mucho cambiar la perspectiva de que valía con
incluir en el mismo corte relaciones un poco, pero sólo un poco, diferentes. Las distintas
formas de amar, las relaciones que no encajan en la norma pero son imprescindibles, los
vínculos que nos sostienen más allá de la idea romántica y que se transforman en familia
con el paso de los años: eso también es el amor.
De hecho, la primera idea que me viene a la cabeza cuando se habla de amor son
les amigues. O las amigas, en femenino consciente, para conectar con esos mensajes que
están alcanzando cada vez más espacios, y por fin, porque ya era hora, porque no te salva
la policía, te salvan tus amigas, no te cuidan las instituciones, te cuidan tus vecinas. La red
afectiva como núcleo del amor verdadero.
Pero también, a veces, te rompen el corazón. Yo tengo claro que mis duelos más
jodidos, algunos de los cuales quizá no termine de hacer nunca, son de amigues que han
estado en mi vida y, por lo que sea, ya no están. Personas que recuerdo casi cada día, a
quienes me gustaría poder contar mis buenas noticias y abrazar cuando siento que esa
grieta no termina de cerrarse. Han sido amigues quienes me han apoyado y amigues
quienes me han dejado.
Y qué jodido es también no hablar de ello. Cuando se acaba una relación con une
churri son tus colegas quienes te sostienen, te entretienen, y te abrazan al llorar. ¿Quién
hace eso, si es tu propie colega quien ha desaparecido? Es increíble el vacío que pueden
dejar algunas personas con quienes no tuviste un “amor romántico disney a primera vista”,
pero con quienes construiste una relación paso a paso, risa a risa, y llanto a llanto. Éste es
un duelo que tiene mucha de la gente que me rodea, y que ha estado, o está, un poco en
segundo plano, tengo la sensación.
Por un lado, porque socialmente no se siente igual que cuando dejas una relación
“sexo afectiva” o “de pareja” o como la quieras llamar; la imagen de dolor no es la misma.
No tienes canciones que hablen de ello o películas que traten el tema una y otra y otra vez.
No hay tantos discursos generados en torno a este vacío, o una palabra para definir a quientuvo una amistad que, de repente, ya no está. ¿Te quedas viude, soltere, o te divorcias de
tus colegas desaparecides?
Por otro, porque siento que, quizá, a veces las rupturas son demasiado bruscas.
Vivimos en una sociedad en la que puede que seamos capaces de entrar incluso en bucles
tóxicos en relaciones románticas, generar dinámicas para las que necesitamos mucho
apoyo y terapia para romper, y en cambio a veces no le damos ni un margen, ni una
oportunidad de cambio, ni una conversación que explique a une colega que ya está, que ya
no queremos más. A ver, obviamente los bucles tóxicos no los queremos, pero joder, ni una
cosa la la otra, ¿no?
Aunque sí pienso que, afortunadamente, estamos visibilizando, cada vez más, esta
parte de nuestras realidades. A la par que los discursos que exaltan la amistad, por
complicado que sea mantener relaciones sanas, equitativas, abiertas y comunicativas entre
les colegas, los relatos sobre les amigues que rompieron nuestros corazones o
desaparecieron en algún momento de nuestra existencia se van abriendo hueco, van dando
luz a una realidad que quizá no es más que la realidad de las relaciones humanas: las
cosas empiezan, y a veces terminan, y eso tiene un impacto en nosotres.
Cuando desjerarquizas, cuando intentas no priorizar, te queda lo profundo y básico
de los momentos compartidos con quienes te han dado su compañía, su apoyo y su cariño
en algún momento. El tiempo, el amor, la escucha, el acompañamiento, eso es lo que
debería estar, para mí, presente en todos los vínculos, los llamemos como los llamemos, y
que tanto faltan cuando la persona (o, si tienes suerte, una de ellas) con quien teníamos
algo de eso ya no está.
Y que, aunque no sea “sexo”, sí es “afectivo”, o al revés, o el nombre que tú le
quieras poner, y genera un dolor cuando se va.
No existe el mundo sin les amigues; acompañemos, también, cuando falten.
Diario de 1 insumise
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