El abejorro es nuestro aliado
Un abejorro se acerca a mi cara. El sonido que producen sus alas en movimiento me lleva a buscarlo con la mirada. El diminuto y rechoncho bicho parece tener dificultades para volar. Avanza con cambios repentinos de rumbo y bruscas subidas y bajadas de altura. En un momento dado parece que se va a estrellar contra mi barbilla. Me provoca una sacudida de la mano en un gesto inconsciente de defensa. Lo salvan su vuelo errático y mi perezosa respuesta.
A más de 1000 kilómetros de este lugar la consultora británica Foresight Transitions ha realizado un estudio sobre seguridad alimentaria en Europa. Pone el foco en la desprotección que supone para esta zona el que seis alimentos considerados como claves se importen de países que no podrían hacer frente a las consecuencias del cambio climático. En sus conclusiones no se plantea la necesidad de organizar la provisión de alimentos a nivel regional. Ejercicio que evitaría las numerosas emisiones de CO2 que diariamente se vierten a la atmósfera sólo con el transporte de estos alimentos a miles de kilómetros. Tampoco dan cuenta del daño humano y natural que causan los monocultivos dirigidos a satisfacer la reproducción de sociedades capitalistas. Otro estudio nos dice que en Gasteiz sólo el 1,1% de los alimentos frescos consumidos es de origen alavés. Ahora el mercado quiere llenar los campos alaveses y navarros de centrales fotovoltaicas,siendo estos dos territorios los que tienen la mayor capacidad de autoabastecimiento de alimentos en Euskal Herria. No hay políticas autonómicas que impidan este impulso del mercado. La apropiación de los recursos comunes por empresas multinacionales para su beneficio es violencia directa contra los pueblos a ambos lados del planeta.
Mientras tanto el Gobierno Vasco, haciendo suyas las indicaciones del informe Draghi para intentar revitalizar las decadentes corporaciones empresariales europeas, crea un fondo con aportación pública de 1000 millones de euros a través de crear esta deuda. Se alía con los grandes bancos que operan en el territorio, incluida Laboral Kutxa. Pretende movilizar hasta 4000 millones de euros contando también con el dinero de las personas trabajadoras que han confiado sus ahorros a un fondo EPSV. Apropiación de dinero público y de las trabajadoras para un fin privado. Lo llama Grupo para la defensa industrial. Más deuda pública, menos recursos sociales. Violencia.
Al mismo tiempo publican la noticia que en Bizkaia, la empresa Sener va a construir una planta para duplicar su capacidad armamentística. Sabemos que no es la única. Lo llaman defensa. Es coherente con los planes de revitalizar la élite empresarial europea. Esta es la industria que nos viene, la de la violencia. Vamos a aceptar en Euskal Herria nuestra participación como trabajadoras en la industria de la guerra?
Además, esta industria es dependiente de la inteligencia artificial, que necesita grandes centros de datos para su viabilidad. Estas infraestructuras consumen ingentes cantidades de energía eléctrica y agua. En Araba ya están construyendo la segunda fase de uno de ellos. Duplicará el consumo eléctrico del territorio. Hay previstos otros dos. Ecosistemas naturales en peligro por la imposición de su industrialización para dar cabida a centrales eólicas y fotovoltaicas. Lo llaman soberanía energética. Violencia.
Defensa industrial, defensa armamentística, defensa agroindustrial, defensa renovable industrial…Su defensa no es nuestra defensa. Su necesidad de defensa se traduce en violencia contra nosotras.
Hay motivos suficientes para organizarse en defensa del territorio, de nuestras vidas y a favor de la construcción de sistemas sociales que subviertan la capacidad defensiva de esta élite. Euskal Herria Bizirik es una de estas opciones. El abejorro es nuestro aliado.
Rebeka González de Alaiza
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