Desarraigo de territorio y dependencia de la tecnología
En estos tiempos, cuando afirmamos “soy de Nosedonde”, no suele ser cierto del todo. Ese “soy de”, suele referirse al lugar donde nacimos, si esque nos fuimos a vivir fuera, o donde regresamos cuando tenemos tiempo libre o vacaciones, aunque no es donde realmente hacemos la mayor parte de nuestra vida. Tal vez vayamos allá a dormir, o lo asociemos con nuestro espacio de seguridad o confort. Pero estudiamos, trabajamos, hacemos vida social o consumimos, lejos y aparte de nuestro hogar.
Por eso nos invade un desarraigo brutal con la tierra. Antes, la casa o el pueblo y sus alrededores, eran un todo, un conjunto con el que se interrelacionaban las personas (aparte de interrelacionarse entre ellas), al que aportaban y del que recibían.
Al trabajar por cuenta ajena, y no autogestionar nuestras necesidades básicas, sino dejarlas en manos de empresas y “expertxs”, no vemos de manera frontal esa dependencia que tenemos de la tierra. Sólo vemos la dependencia del dinero que necesitamos para comprar los envases que vienen de materiales expoliados de nuestro entorno, o del entorno de seres lejanos.
Al no sentirnos parte de algo, o no sentir a este algo parte de nosotrxs, no comprendemos lo que se pone en riesgo, ni nos atraviesa la necesidad de defenderlo, tan sólo una vaga nostalgia. Por ello, queda olvidado en la lista de prioridades, para cuando acabemos de hacer las “cosas realmente importantes”, y tengamos tiempo.
La tecnología va invadiendo nuestras vidas progresivamente, para quedarse. Dentro de poco, si se va la luz, ya no podremos ni abrir la puerta de casa, porque tenemos tarjetitas en vez de llaves. Ya no conocemos los lugares donde vivimos. ¿Cómo vamos a amarlos? Antes, cada trozo de monte tenía un nombre asignado, y por un motivo. Desconocemos el terreno, nos movemos siempre en coche, y con google maps, cada vez más incapaces ni de memorizar una dirección. Ah, perdón, que ahora se llaman ubicaciones…no sé ni cómo hemos conseguido sobrevivir hasta hace nada sin ellas, ahora sería impensable volver atrás, ¿verdad? ¿Quizás sin darte cuenta, de ser algo que te facilitaba y hacía más cómodas las cosas, ha pasado a ser algo NECESARIO en tu vida? ¿Alomejor te crea ansiedad el pensar en resolver una situación sin ello?…
No tenemos ni puñetera idea de quiénes son nuestrxs vecinxs. Y si les conocemos, y necesitamos decirles algo, tiramos de móvil, en vez de transitar las calles del pueblo-fantasma-dormitorio hasta su puerta, no vayamos a molestar…El auzolan está en peligro de extinción, y se conserva como algo folklórico-simbólico, en vez de como una autoorganización de lxs vecinxs para mantener y sacar adelante el espacio que les da cobijo y les permite salir adelante. Otra parte más de la vida, como dormir o comer. Antes que afrontar en colectivo las tareas, se valora que cada cual tenga sus maquinitas, cuantas más, y más grandes, mejor. Para producir más que nadie.
No es por idealizar el pasado, ni mucho menos. Tampoco por decir que todo lo del presente es una mierda (aunque sí que casi todo). Pero ya nos vale…
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1 thought on “Desarraigo de territorio y dependencia de la tecnología”
Muy de acuerdo. Estamos ganando muchas cosas con la tecnologia, y estamos perdiendo otras muchísimas cosas más, dependiendo de ellas, deshumanizándonos y dejando de lafo el contacto directo con las personas y la naturaleza