Es corriente oír en ciertos círculos, que quien pierde la memoria, olvida su propia historia, y hasta quién es. Y parece ser verdad que quien pierde la memoria, pierde el qué, el porqué, el para qué, y el con quién… de compromisos, ocupaciones pasadas y hasta ciertas luchas o “batallas perdidas”.

Si a esto, añadimos el interés y el empeño de los vencedores…; vg. de quienes ganaron la guerra del 36;  de quienes firmaron la “ejemplar Transición”;  de quienes asesinaron un 3 de marzo del 76 a cinco trabajadores e hirieron a más de cien, mayoría de bala; de quienes ordenaron el desalojo de “Kukutxa”  en Bilbo, “Maravillas” en Iruña, y lo intentaron en Errekaleor, y en el Gaztetxe de  Vitoria, si añadimos, digo, el interés de todos estos en  escribir sobre nuestra historia, es comprensible que nos encontremos hoy sin norte, sin sueños ni proyectos, y hasta atados de pies y manos.

Y si a esto añadimos, años confiando, delegando, votando, es hasta fácil terminar creyendo haber nacido para ser mandados, entonces… ¡¡LA FASTIDIAMOS DEL TODO!!

Pero dónde estaríamos hoy sin aquellas luchas,  donde hicimos acopio de experiencias, reconocimiento de la realidad, donde descubrimos nuevos horizontes,  y  compartimos fuerzas y sueños?

Hay batallas “perdidas” o que no las ganamos, pero las luchas no se pierden,  aunque sea de forma paradójica,  se acumulan.

Hemos de grabar a fuego que quienes nos dominan, no tienen más que los privilegios de los que los hemos dotado para que nos dominen. Hemos de recuperar, que nunca la libre elección de amos suprimió ni amos ni esclavos. Y con Sánchez Ferlosio debiéramos negarles la mayor, cuando en “VENDRÁN MÁS AÑOS MALOS Y NOS HARÁN MÁS CIEGOS” dice que “las verdades del poder siempre son falsas, como lo demuestra el hecho de que su séquito no se componga de estudiosos, sino de guardaespaldas”.

Quizás tampoco este de más, para evitar ciertas tentaciones, recordar a Jorge Oteiza cuando decía “ no malogremos nuestra carrera de derrotas con una victoria de mierda”.

La memoria puede enseñarnos que si no utilizamos la fuerza necesaria para la conquista de espacios y su posterior defensa de los mismos, en dictadura como en dictablanda se terminan perdiendo.

No puedo menos de  recordar hoy con agradecimiento y admiración, a esa juventud implicada en la ocupación de solares, tanto en el campo como en las ciudades que con sus asambleas, y trabajo compartido los convierten en espacio de encuentro, gestión y creatividad humana, pequeños “oasis” en un desierto donde se impone la especulación, la competitividad y el puro negocio.

Recuerdo “Kukutxa” en Bilbo, Errekaleor y el Gaztetxe en Gasteiz, “Maravillas” en Iruña. Recuerdo a Azkuna  alcalde de Bilbo, y a Urtaran de Gasteiz cuando hace aproximadamente un año denegaba el uso de plazas a “OKUPATU GASTEIZ”, aduciendo que el nombre mismo incitaba a la ilegalidad e insinuaba que la autogestión y la organización popular no eran de su agrado ni compatible con los intereses de su modelo de ciudad.

La memoria nos hace pensar que asistimos a una turistización de los Cascos Históricos, que monopoliza calles, plazas,  y aceras. En el que todo cambia, se encarece, y expulsa a sus “ocupas” de toda la vida,  para sustituirlos por otros de mayor poder adquisitivo.

Frente al uso público y abierto de espacios y locales en desuso, el poder muestra los límites de la política institucional de los espacios al servicio de inmobiliarias, el negocio y un consumo compulsivo que lo hace insostenible en lo económico,  e insoportable en lo ambiental con actividades, horarios y ruido…y hace tan desapacible el medio, que del barrio van desapareciendo,  expulsados  sus vecinos de siempre,  sus “ocupas” de toda la vida.

Desconfiemos de los razonamientos, y embustes de tanto cuentacuentos,  escuchando al poeta León Felipe cuando nos dice: “Yo no sé muchas cosas, es verdad/ digo tan solo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, / que los gritos de angustia los ahogan con cuentos,/que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,/ que los huesos del hombre los entierran con cuentos,/ y que el miedo del hombre…/ha inventado todos los cuentos”.

 Imanol Olabarria Bengoa

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies