Un domingo de invierno de hace ocho años compartimos mesa un grupo de personas. La posterior sobremesa evocó, como tantas otras veces, a las presas y presos políticos vascos. En esta ocasión,  la atención no se focalizó en el interior de las cárceles, sino en el gigantesco tsunami de solidaridad que su  situación provoca  en nuestra sociedad.

Por aquella animada tertulia fueron desfilando interminables nombres de padres y madres coraje; familias que se impusieron y se imponen la exigencia de acompañar a sus hijas e hijos presos allá donde los tengan secuestrados.  Con el paso de los años,   van derrochando  tiempo, dinero y salud pero nunca han fallado al compromiso que asumieron. La citada tertulia  recordó también a los niños de la mochila que, años más tarde, han protagonizado un emotivo documental. No faltaron en aquel desfile de sobremesa las personas ancianas y enfermas que, a despecho de todo pronóstico, se empeñan en visitar a las encarceladas desafiando los riesgos e incomodidades que esto implica.

Un alarde de épica solidaria que desborda, con mucho, el ámbito estricto de las familias. Gesta escrita por amistades que, debidamente organizadas, mantienen, año tras año,  el cuidado emocional de sus amigas y amigos. ¡Cuantos capítulos brillantes! Cientos de autobuses viajando hasta Herrera de la Mancha para saludar a sus presos desde un inhóspito descampado. En numerosas ocasiones, recorriendo Europa para dar a conocer  la situación represiva de las cárceles españolas y francesas. Otras veces, lanzando  sus mensajes solidarios en las plazas de Paris, Bruselas, Estrasburgo. Durante un año entero, semana tras semana, los más variados colectivos realizaron una huelga de hambre en la Catedral del Buen Pastor de Donosti. Desde hace treinta años, sin fallar una sola semana y sin importarles la climatología, cientos de personas ocupan sus respectivos espacios en calles y plazas para reivindicar los derechos de los presos.

Que yo sepa, no hay en todo el mundo un movimiento tan tenaz, amplio y generoso como el que está protagonizando Euskal Herria. Quienes se encuentran de forma inesperada con este fenómeno, se asombran. Y no es para menos: han descubierto un gigantesco ejercicio de generosidad colectiva; un deslumbrante canto a la humanidad y a la defensa de los derechos humanos; una epopeya solidaria de incalculable valor que merece ser recogida en los anales de nuestra historia.

Jokin Urain, tras  26 años de encarcelamiento en los que cultivó  sus habilidades literarias, afrontó el reto.  Ha recopilado mil detalles de esta gesta y, con ellos, acaba de escribir el libro titulado “Amaren Etxea”;  obra dedicada a la solidaridad ejemplar y tenaz de nuestro pueblo. Su libro de reciente publicación,  es un libro de obligada  lectura que nos llena de orgullo y hace justicia.

Se trata de un libro inconcluso como inconcluso está el problema que lo ha inspirado. Todos los años, en los gélidos días de Enero, una multitud desborda Bilbao para respaldar a los cautivos y exigir su liberación. Este año no será menos. El próximo sábado, día 12, volveremos a llenar Bilbao de solidaridad  popular; será el nuevo capítulo de una odisea que vamos escribiendo entre todos. Pongámonos en marcha y allá nos encontraremos.

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