Es un documento que marca un hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todas las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales. Fue proclamada en París en diciembre de 1948. HACE YA MÁS DE 70 AÑOS. La Declaración establece, por primera vez, los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero.

Estoy seguro que lo que voy a decir os sonará a muchos, eso espero. Seguro que, de alguna forma, os veréis representados en mi reflexión personal.

Recuerdo, como si fuera ayer, que desde mis años mozos esta Declaración era la base de nuestras reuniones, encuentros, debates, compromisos, luchas… Eran años en que teníamos que funcionar en la semiclandestinidad. Los Derechos Fundamentales estaban prohibidos. Nos encontrábamos en dictadura. El que se movía “salía en la foto” y se arriesgaba a tener ficha  en la Policía o iba camino del Tribunal de Orden Público. Por eso muchas de nuestras reuniones eran clandestinas. Pero estábamos llenos de rebeldía y esperanza.

La situación socioeconómica, en muchos pueblos y ciudades era de gran pobreza, chabolismo. Llegaban, eso sí, aires europeos alimentando nuestra lucha alimentando la esperanza de otra vida posible. El Mayo del 68 en París no nos era para nada ajeno y hasta el confín de Euskal Herría nos llegaban y animaban los ecos de los movimientos de contestación que sacudían a las instituciones europeas. Muchos nos encontrábamos, es cierto, sumidos en una situación de depresión total, salvada por la alegría, de otros, sus ánimos, energía y rebeldía esperanzada siempre.

Al día de hoy, pasados ya esos más de 70 años, comprobamos y aseveramos lo mucho que se ha luchado por la implantación de los DERECHOS HUMANOS en nuestra sociedad y en nuestro Pueblo, pero ¿con qué resultados?

Formalmente ha habido un gran cambio. El Estado español ha reconocido en su Constitución de 1978, dicha Declaración y está hasta asumida como criterio  básico. No hay partido político que no pregone –SALVO VOX – ser cumplidor de su contenido y hasta se permiten hacer demagogia a su cuenta. Ya no hay dictadura, dicen que estamos en democracia, se reconocen –eso proclaman – todos esos Derechos. Podemos votar, las elecciones son reconocidas como derecho cívico. No obstante hay razones para preguntarse: ¿realmente es un gobierno del pueblo el que tenemos?

NO. NO Y NO. Sabemos y denunciamos que hoy existen unos poderes supra estatales que, en su afán de enriquecimiento a toda costa y dictan su poder para obligar a políticos a gobernar a su dictado. Por eso afirmo, aquí y ahora, que eso “que llaman democracia no lo es”. Por eso tengo la certeza que los derechos humanos son ajenos a la política que tenemos implantada. Debemos reconocer que los políticos pueden tener el Gobierno “otorgado” por los ciudadanos, pero no el Poder.

Hoy podemos observar –comprobamos – como las necesidades humanas son objetivo de negocio  y no de vivencia con dignidad. Las necesidades –DERECHOS – de vivienda, alimentación, educación, sanidad, asistencia a la dependencia por incapacidad o vejez, de trabajo  y otras como la de migrar y empadronarse… son meros filones donde ellos succionan su riqueza. Privatización y recortes, son su fórmula para empobrecernos. Socializar pérdidas y privatizar ganancias, son más de lo mismo. Las políticas dictadas  en función de todo ello DENUNCIAMOS que son contrarias a los derechos humanos. La desigualdad se profundiza en todos los órdenes de la vida social y dignidad humana.

La base de la violación de derechos es la de siempre: LA FUERZA. La fuerza que se ejerce con el rigor de la ley, de la violencia institucional o aquella que se nos impone de mil maneras que existen para vencer la voluntad de los ciudadanos. Reconocemos que cuando así se actúa desde el poder, el pueblo queda reducido a mero súbdito.

Insisto y mucho me temo que tendremos que seguir insistiendo que el ejercicio de la fuerza continúa y también hoy sobre muchas asociaciones, grupos, movimientos, sentencias judiciales, condenas, privación de libertad… que siguen, de alguna, forma fichados por moverse y comprometerse en la defensa de los Derechos Humanos.

Los augurios del futuro inmediato resultan muy negros. ¡PINTAN BASTOS! Llevamos años, décadas, afirmando que otro mundo, otra forma de vivir son posibles, sin embargo no podemos admitir el quedarnos varados, sumidos en la impotencia. Estoy, estar convencidos, que lo posible es una UTOPÍA REALIZABLE. Todo ello nos tiene, nos debe, dar fuerza para apostar por una rebeldía pacífica, una resistencia activa.

La soberanía de Persona, Pueblo y Tierra tiene que ser nuestro ideal utópico. Por eso creo ¡CREAMOS TODAS Y TODOS! Que la implantación plena de los Derechos Humanos, junto a la Carta de la Tierra, todo ello recogido en la AGENDA 20 / 30 tienen que seguir marcando nuestra ruta, nuestra lucha y compromiso por la LIBERTAD y la  independencia necesarias.

AMIGAS Y AMIGOS – FELIZ AÑO – URTE BERRI ON – SALUD Y REPÚBLICA

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