Con una macabra similitud a cualquiera de las mercancías del capitalismo, nosotrxs, humanoides, también viajamos en cajas con ruedas de un lado a otro, convirtiéndonos en productos manufacturados.

Podemos vivir dos o más vidas paralelas, ser un personaje diferente en cada lugar. Y, aunque esto pueda traer sus ventajas, como un respiro de la presión social del sitio en el que habitas, para poder desarrollarte o mostrarte tal como eres, pienso que también puede trastocarnos y traernos secuelas emocionales.

He llegado a un punto en el que siento cierto miedo o pereza por crear lazos afectivos con personas o lugares que están lejos de mi radio ya establecido (demasiado amplio como para poder abracarlo, por cierto). ¿Para qué, si no doy abasto ya en cuidar y mantener como me gustaría, lo ya existente? Claro, que esto no es algo que puedas controlar demasiado…

Las relaciones necesitan su tiempo para cuajar, y, en muchas ocasiones, las cosas suceden más deprisa de lo que podemos procesar emocionalmente. La realidad es que hoy en día mucha gente, para cubrir algunas de nuestras necesidades afectivas, mantenemos en la distancia relaciones forjadas aquí y allá. De donde nacimos, de cuando estudiamos, de la temporada que vivimos en tal sitio, de quien conocimos en no sequé…

También consumimos muchas relaciones de usar y tirar, o de plástico Made In China, del cutre, cutre. Podemos elegir con quién hablar rápidamente en la lista de una pantalla, a quién queremos alquilar un rato…y, si nos falla, no pasa nada. Tenemos el ticket de devolución, y podemos sustituirlo por otrx. Llegadxs a este punto, podríamos reflexionar también mucho sobre poliamor…; la supuesta comunicación es tan gratuita e instantánea, que se convierte en todo lo contrario: falta de claridad, de cuidado…y un largo etcétera. Creo que estaría bien revisarnos el cómo cuidamos y nos comunicamos con nuestra “familia dispersa”. Y hacer una reflexión por cuidar y valorar a quien tenemos al lado, o cerca, que sería lo que nos quedase si de repente desapareciese el coche o el güasap.

Que no se nos olvide preguntarnos cara a cara, cómo estamos. No dejarnos llevar tanto por la inercia o la rutina. Preguntarnos a nosotrxs mismxs, también, con más frecuencia, qué es lo que queremos disfrutar en nuestras vidas, e intentar llevarlo un poco a cabo, sin tener que esperar a que sea en las próximas vacaciones de desahogo, o cuando vaya a visitar a no sequien, o que se quede en la anécdota de “cuando estuve haciendo autostop por Latinoamérica”. Añoro que busquemos la aventura o el disfrute en el día a día, y con esas personitas que tenemos al lado, sin necesidad de irse a buscarla lejos. Como siempre estamos todxs tan ocupadxs con nuestros asuntos, vidas de adultxs, o con esas relaciones tan dispersas por el mapa…

Con tanta distancia, tiempo limitado, y relaciones con cables, ondas, y gasolina de por medio, quizás cosas tan simples como mirarse a los ojos, oler, tocar, escuchar en directo, compartir comida, dormir sintiendo el calor humano o un abrazo, darse las buenas noches…puede que estén en peligro de extinción, o cada vez sean más difíciles de conseguir a buen precio en el mercado. Esas cositas que nos aportan salud emocional, que nuestro inconsciente intenta suplantar con quién sabe qué estrategias enrevesadas.

Me pregunto si, en el intento de crear algo alternativo relacionándonos con personas más afines, no nos estaremos dejando por el camino algo que puede que sí que tengan las familias normativas, o lxs que llamamos “conformistas que no buscan más allá”, como el sentimiento de pertenencia a un lugar o grupo estable, la incondicionalidad…y dejo esto sólo para abrir la reflexión, muy consciente de que por supuesto necesitamos crear otro tipo de redes, que nos aportan otras muchas cosas. Es duro asumir que al elegir estar en un lugar por ganas o por coherencia, renuncias a tener cerca ciertos núcleos de afinidad o afectividad.

Supongo que esto no tiene vuelta atrás. La forma de nuestras redes de relaciones y ritmos de vida está cambiando muy rápido. No podemos cogernos con pinzas, y poner a cada cual donde quisiéramos que estuviese, ni dejar de querer o de tener confianza con quien ya la cultivamos, ni conseguir tenerla de la noche a la mañana con quien de repente apareció a nuestro lado. Asique, al menos, intentemos cuidar(nos), y hacerlo lo mejor posible.

 

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