Hemos llegado al lunes. No sé ni cómo, pero hemos llegado. Y estamos otra vez en la casilla de salida de los lunes grises. Con toda la resaca del fin de semana. Porque el fin de semana ha venido cargadito de reivindicación y de fiesta. Y de tormentas. Aunque no ha llovido tanto como tenía pensado llover y al final la gente ha salido a las calles. Menos mal. El viernes fue el turno de la Plataforma a favor de la Escuela Pública y el sábado fue el turno de los pensionistas. Están las cosas mal por las edades de abajo, las de las niñas, y también por las edades de arriba, las de las abuelas que llevan a las niñas al colegio, así que estamos buenos. Por  la edad del medio, los y las que se supone que tenemos que mantener con nuestros impuestos y nuestros salarios de mierda todo este sistema que nos nos gusta. Así que las fiestas de Errekaleor, una de nuestras trincheras favoritas, han estado a tope de gente. Este fin de semana todos queríamos ser de ese barrio.

Porque como ellas dicen nos matan. Y nos matan porque nos prefieren muertos. Ya sea en las escuelas o en casa viendo la Champions pero sin poder encender la calefacción. Muertos por falta de presupuesto y sin opción a un mundo mejor. “Nos matan. Nos quitaron las tierras que alguna vez fueron de todas y nos mataron. Se inventaron fronteras entre pueblos y, en el mar, nos ahogan. En casa, con golpes, con insultos, cuando nos enseñan como odiar nuestros cuerpos, nos matan. Nos matan con las largas horas en la fábrica. Nos matan en sus trincheras en nombre de la democracia. Nos matan en sus sucias celdas, Vivimos obligadas a vender nuestro tiempo, y sin vivir, nos matan. Pero nosotras elegimos vivir,  La comunidad, la protección del cuidado mutuo, la ternura de la solidaridad, la fuerza del poder del barrio.” Eso es lo que nos dicen las de Erreka en su video-aniversario del corte de luz.

El poder del barrio. Auzoko boterea. Ahí quería yo llegar, al barrio, la primera estructura soio-cultural de convivencia de las ciudades. Porque si queremos cambiar algo de este mundo hay que hacerlo desde lo pequeño hacia lo grande. No nos sirve que tengamos unos discursos muy bien estructurados de anticapitalismo, feminismo y  revolución, sino somos capaces de trasmitirselos al abuelo de al lado, o la madre del cuarto. Pero hoy en día, no es que no hablemos con nuestros vecinos, es que apenas nos los cruzamos en el ascensor. Incluso hay gente que evita compartir el ascensor. Gracias a esos dispositivos que han puesto al alcance de todos los seres humanos de este planeta, estamos más informados de lo que pasa en una aldea en China que de si la jubilada de enfrente no tiene con quién comer, o no tiene ni para comer. Aunque lo publicara en las redes sociales, no nos enteraríamos porque no le reconoceriamos ni la cara. En eso también nos gana Errekaleor, porque la gente se conoce; Unai del 4, Hilargi del 8, Ilazki del 15.

Así que mi propuesta para este día gris, es dejar de mirar las grises pantallas, y mirarnos a los ojos para reconocer y empezar a encontrarnos con nuestras vecinas. Aunque igual eso es de carrozas. El otro día me dijo una amiga, que su hija adolescente le había dicho que llamar por teléfono para felicitar el cumpleaños era de carrozas. Yo siempre he pensado que era un rollazo cuando mi madre nos exigía hacer cola a toda la familia para felicitar por el teléfono fijo al tio en américa, alguien a quien solo veíamos a veces en Navidad. E imaginate el rollo que sería para mi tío. Pero el tío aguantaba ahí como un campeón, a que pasaramos toda la familia. Hoy se quedaría todo en una felicitación por facebook, porque un whatsapp sería exagerado. Quiza llamar por teléfono también ya es de carrozas, pero quiero reivindicarlo en esta escotilla. Necesito al menos escuhar la voz  de la gente para poder empatizar un poco con la que está al otro lado. Pero no a las monologuistas que van hablando solas por la calle, llenando el universo de spam y mensajes de voz grabados. Necesito la comunicación de ida y vuelta, la conversación. ¿Soy un carroza? Pues sí, porque está claro que el teléfono cada vez suena menos.

Me estoy poniendo a divagar, así que voy a ir terminando reivindicando la vida para los barrios sino queremos acabar viviendo en ciudades-queso-de-gruyere, huecas de vida, y llena de gente que compramos hasta el pan por Amazon. Por cierto, seguro que nadie se está leyendo las nuevas leyes de privacidad de datos que nos están exigiendo aceptar para seguir usando esas aplicaciones a las que estamos tan enganchados: whatsapp, gmail, facebook,… Solo recordad que para esas empresas el producto somos nosotros. A mi me están dando ganas de quitarme de todo y quedarme solamente con el fijo y el portero automático.

Pero tomemos un poco de aire porque estamos pisando el acelerador para llegar cuanto antes al verano, y esta semana también viene cargadita. Antes eran las fiestas de Arana las que marcaban el pistoletazo de salida de las fiestas de los barrios, las que usabamos a modo de temporas de las fiestas, para testar como iban a venir dadas las de los demás barrios, teniendo como epicentro las de Judimendi. Ahora se les han adelantado las chicas de Errekaleor, y por lo vivido este fin de semana, vienen tremendas. Así que agarrense que vienen curvas. A ver si llegamos medio bien para el Zaharraz Harro.

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