Me duele Palestina. Durante estos días, una pequeña parte del mundo miramos con rabia a Palestina y condenamos la barbarie israelí. Pasadas unas pocas fechas, terminará el recuento de asesinados, desaparecerán las imágenes escalofriantes y un silencio espeso cubrirá la nueva tragedia de este pueblo masacrado. La inmensa mayoría de la humanidad, ni siquiera eso; ajena a lo que allá sucede, garantizará con su indiferencia la impunidad del sionismo criminal.

La limpieza étnica comenzó hace más de cien años. A finales del s.XIX, el Congreso Sionista Mundial decidió crear un Estado propio;  entre los territorios que barajaba, eligió  Palestina. Hubo judíos que intuyeron la tragedia que se avecinaba: aquel proyecto colonial solo sería posible ahuyentando a los pobladores originarios. La advertencia cayó en saco roto; el movimiento sionista miraba con desprecio a los árabes que habitaban en aquel territorio. Para Golda Meir, Primera Ministra de Israel, no existían; Palestina  era una tierra sin gentes; para Hain Wetzman, líder del Congreso Sionista, “son rocas que obstaculizaban el paso y hay que remover”; para Theodoro Herzl, el padre del sionismo, “miserable población lugareña que tenemos que sacar de nuestras fronteras”; para Menachen Begin, “bestias que caminan sobre dos patas”.

Cuando los sionistas pusieron pie en Palestina hace más de cien años, ya advirtieron de las brutalidades que pensaban cometer. “Necesitamos ser certeros- dijo Ben Gurión-  si acusamos a una familia tenemos que dañarla sin piedad, lo que incluye a sus mujeres y a sus niños. Durante la operación, no hay que distinguir entre culpables e inocentes”.  Mordechai Maklef, que llegó a ser Jefe del Estado Mayor del ejército israelí no se andaba con rodeos: “Matad a cualquier árabe que os encontréis, quemad todos los objetos inflamables y forzad las puertas con explosivos”. Moshe  Dayan, famoso militar y político: “Haremos de éstos detenidos parásitos en sus sociedades, y no los liberaremos hasta que se conviertan en momias”.  En 1930, advertía Menahem Ussishkin, Presidente Del Fondo Nacional Judío: “Tenemos que quitarles la tierra;  nuestra meta es más grande y más noble que el simple respeto de algunos miles de campesinos árabes”. Shmuel Eliyahu, rabino, decía en junio de 2016: “El ejército israelí, en vez de arrestar a palestinos, debe ejecutarlos. No debe dejar a nadie con vida”

La actual política de tierra quemada no es de ahora. Mucho antes de que Israel se autoproclamase Estado, ya estaba practicando sus métodos criminales. En su empeño por ahuyentar a la población árabe, atacaba aldeas, trenes, mezquitas y, sobre todo, mercados. El de Haifa sufrió entre 1938 y 39 diez atentados que ocasionaron centenares de muertos. Lo que está ocurriendo estos días es una amarga  continuación de lo que viene sucediendo desde hace cien años. Y seguirá sucediendo mientras el mundo se lo permita. ¿Hasta cuándo? Esa es la gran pregunta.  Como nos interpela Hart, reportero de la BBC, “Hay suficiente información para que ustedes no digan en el futuro “yo no lo sabía”. Ahora ya lo sabemos y debemos  actuar”.

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