Corría el año 2012,  la prohibición de fumar en los establecimientos hosteleros nos hacía pasar frio en sus puertas para saciar de alguna manera la adicción a la nicotina, mientras, los bares se llenaban de criaturas ruidosas molestando a la parroquia, ante la desidia de sus progenitores que piensan que cumplen una función social con su procreación y que el resto de la humanidad debemos padecerla.

Ante esta ofensiva  del patriarcado reprimiendo placeres, negando y ocupando espacios, un grupo de bolleras y marikas, alérgicas a la heteronorma, expertas en ludopatía de género, investigación de deseos libertarios y curtidas en las lides de la disidencia sexual, decidieron montar un espacio, un local, un txoko, un agujero negro que sirviera de luz en la asfixiante ciudad en que vivimos.

Funcionaron las sinergias, que lubricadas de ilusión siempre son imparables, y los cuerpos desarrollaron toda sus potencias, el espacio se modificaba para adecuarse a la vida, a la buena vida, esa, que es la que es la que se escribe fuera de los guiones establecidos por el sistema.

Las paredes se hicieron algo mas sordas para que la música y su hermana la danza cupieran en ellas, surgieron fuegos en los que convertir los alimentos en ágapes sazonados de sobremesas cómplices, se levantaron tarimas para lanzar arengas, se colocaron sillones y sofás en los que se podía echar una cabezada, montar una charla al estilo de María Teresa Campos, o simplemente reposar tiradas, crecieron estufas que impidieran que se nos fuera el calor de los cuerpos, surgieron mesas y sillas para comer, conspirar o debatir en corro. Los conocimientos de unas, la perseverancia de otras y el tiempo y esfuerzo de todas hicieron una vez más ese pequeño milagro anti/capitalista que se llama autogestión.

Y dispuesto el espacio  se lleno de cuerpos, de sus discursos y sus representaciones. Acompañadas de las manos cálidas de las bollos de 7menos20 y de la Asamblea de Mujeres de Álava se presentaron libros y revistas, charlas , conciertos y representaciones, fiestas y foros de debates.

En Sukubo, como criaturas traviesas que gritan,  se han producido las ideas que en nuestra pusilánime ciudad no tenían lugar, ya fueran palestinas cineastas, gitanas bolleras, gordas racializadas, osos y camioneras,  tullidas y transexuales no binarias. La disidencia sexual, el inconformismo de género se daban cita entre cervezas y debates, se conspiraba contra la norma heterosexual a la vez que se denunciaba el asfixiante sistema sexo/genero desde todos sus márgenes  posibles.

Pero las energías no son permanentes, el cansancio vital, la dispersión ideológica y la precariedad hacen mella y las fuerzas van menguando. Sukubo se cierra, como otros tantos proyectos, ha tenido principio y fin. Nos queda no solo un buen sabor de boca y muchos gratos recuerdos, nos queda lo vivido y lo creado y la satisfacción de que juntas, en común, la vida puede ser mas fácil y grata.

Dicen también que el primer diablo, Lilith,  fue mujer y que por eso las mujeres y su cualidad, lo femenino, es algo diabólico. Y los demonios no mueren, son espectros que desde lo oscuro iluminan con sus encantos el tedioso mundo que nos rodea, pervirtiendo con la duda y el deseo la uniformidad estrecha de esta sociedad. Los diablos son seres juguetones e imprevisibles, no hay que fiarse de ellos. En Sukubo se plantaron mil semillas, de las que pueden surgir miles de diablos que vuelvan a tentar con deseos prohibidos.

El cierre de Sukubo, no es el fin de los espíritus diabólicos, que nadie se llame a engaño, en cualquier momento, en cualquier lugar, pueden surgir Sukubos dispuestos a pervertir con su mirada la encorsetada norma heterosexual. Sukubo se cierra, no muere. Estad pendientes. Prestad atención.

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