El lunes pasado la plataforma a favor de la escuela pública vasca de Gasteiz presentó unos datos escalofriantes, por utilizar un término actual, el 92% de los 2.980 alumnos y alumnas de nacionalidad extranjera matriculadas en aulas de Infantil y Primaria en la capital alavesa estudian en centros de titularidad pública, mientras que la concertada solo acoge al 8% del alumnado inmigrante.

Tengo que confesar que yo no estoy muy de acuerdo con la procreación en estos tiempos donde el futuro se presenta bien incierto, desde la precariedad y el cruel consumismo hasta el expolio de los recursos de la naturaleza. Pero como especie creo en la responsabilidad de cuidar a nuestros congéneres más necesitados.

Y lo que me preocupa es precisamente el futuro que se puede atisbar cuando el alumnado más necesitado, no por su origen extranjero sino por ser más desfavorecido y con mas carencias, se encuentra guetificado y condenado una educación deficitaria. La escuela pública no tiene medios ni financiación para garantizar una mínima formación educativa que sirva de base una futura sociedad más justa, más solidaria y consciente de su relación con el planeta.

La solución para  acabar con esta segregación, con estas reservas infantiles para las criaturas más pobres de la sociedad, pasa por acabar con los privilegios de la educación concertada, que la pagamos con nuestros impuestos, una educación con  proyectos elitistas y discriminatorios.

Creo que esto no es una cuestión baladí. Nos estamos jugando el futuro. Como se van a implementar la educación en valores éticos? Qué formación podemos dar en diversidad sexual, funcional y cultural? Como combatiremos contra la cultura de la violación? Como formaremos a las generaciones venideras en un consumo responsable?

Estas tareas serán imposibles de realizar en una escuela en la que la pobreza económica y cultural es el denominador común.

No se trata, solo, de que la educación concertada asuma las cuotas de matriculación de los sectores más necesitados, se trata de cuestionar un sistema en el que con los impuestos de toda la sociedad se pagan los caprichos y veleidades formativas de los sectores más privilegiados.

La educación es el arma que tenemos para defender  a las criaturas de las creencias de sus progenitores, de dotarles de las herramientas para su autonomía, su pensamiento crítico, su realización en igualdad y solidaridad. Y bajo la premisa de que los padres pueden elegir la educación de sus hijos estamos negando un porvenir más justo para la ciudadanía.

Pienso que Vitoria/Gasteiz no es una ciudad abierta, ni solidaria, ni de buen rollo. Véase el número de votos que reciben las formaciones con veleidades xenófobas o más cerca, óigase el ruido de los tractores que se manifiestan en contra del derecho de una familia gitana a tener una vivienda digna. Esta no es la ciudad diversa y enriquecedora que queremos construir y que difícilmente superaremos con esta forma de educación.

Este es el campo donde se está sembrando el futuro, un futuro que con este sistema educativo se nos presenta más cruel e inhóspito.

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