“La revolución zapatista persiste en Chiapas” -Imanol Olabarria-

“La revolución zapatista persiste en Chiapas” -Imanol Olabarria-

Hace 14 años, un compañero y yo, iniciamos una visita a la selva Lacandona en Chiapas. Leiamos cuanto se escribía sobre el movimiento zapatista, y nos sentíamos atraídos por sus sueños o aspiraciones, formas de entender el cambio o revolución, y entender el poder como un “mandar obedeciendo”, que nos recordaba las formas organizativas de las que nos dotamos en las huelgas de Vitoria en 1976, “todo el poder a la asamblea, y las comisiones representativas meros portavoces de la misma”. Nos hechizaba, y trastocaba el movimiento zapatista que irrumpía en Chiapas, encarnando una opción estratégica singular, “cambiar el mundo, sin tomar el poder”. Pasó un tiempo, y la llegada al gobierno de fuerzas de izquierda en America Latina, parecía cuestionarlo y hacerle sombra.

Hoy, no obstante, esos gobiernos progresistas atraviesan dificultades, y el largo silencio informativo sobre el movimiento zapatista hacía pensar lo peor, su desaparición. Un amplio artículo de “Le monde diplomatique” de este mes, “La revolución zapatista persiste en Chiapas”, intenta informar qué situación atraviesa Chiapas, y su movimiento zapatista. Es mi intención ofrecer una síntesis, muy personal por cierto, y atractiva para cuantos sintonizaron con el zapatismo, y hoy están desencantados con la democracia, y ajenos a los partidos… Y comienza Francois Cusset, autor del artículo, citando a la maestra zapatista Eloisa que afirma que el poder establecido “tiene miedo a que descubramos que podamos gobernarnos a nosotros mismos”. Y añade la misma que “instruirse en contacto con cientos de campesinos que diariamente practican el autogobierno, es algo inconcebible para algunos observadores, pues la experiencia zapatista rompe desde su inicio con los viejos principios hoy en crisis de la representación política, de la delegación del poder, de la separación entre gobernantes y gobernados…, que constituyen la base de los Estados y democracias modernas”. Esta experiencia tiene lugar en la selva Lacandona, en un tercio del Estado de Chiapas (28.000 km2), entre un 15 y un 35% de la población, entre cien mil y doscientas cincuenta mil personas, constituyen la base del zapatismo.

A 24 años de su inicio, la aventura zapatista es la experiencia de autogobierno colectivo más importante de la historia moderna. Más que los Consejos de la Comuna de Paris, aplastados en Mayo de 1871 tras dos meses de vida; más extensa que los Soviets de Obreros y Campesinos de la Revolución Rusa de 1917, antes de la transferencia de su poder hacia el Ejecutivo Bolchevique; más que la democracia directa de los campesinos aragoneses y catalanes entre 1936 y 1939; los niños de 1994 fecha de la irrupción del zapatismo, hoy forman parte de la estructura del Movimiento Zapatista. Para describir su abandono de la fe inicial en el Estado y en el vanguardismo leninista, Francois Cusset recurre a una pieza poética del subcomandante Galeano quien dice: “cuando iniciamos éramos cuadrados como los profesionales de la política, y las comunidades indígenas, que son redondas nos limaron los ángulos”. “El capitalismo no va a detenerse. Se anuncia una gran tormenta. Aquí nos preparamos avanzando sin él”, comenta un joven de 20 años, que se dispone a ser relevado tras tres años en la Junta del Buen Gobierno de Morelia.

Morelia, constituye la zona menos poblada de las cinco en que se asienta el Zapatismo. Situado a 1.200mts. de altura, donde alternan prados y cultivos, con una extensión de 700 hectáreas recuperadas para siete mil personas.

Tres personas nativas, explican que:

– al frente de cada uno de los sectores de producción, la radio, el artesanado textil, la apicultura, hay un colectivo de personas que lo coordinan;

– cuentan con 140 cabezas de ganado, y 10 hectáreas de campos de maíz, huertos, gallineros, 5 hectáreas de plantaciones de café, y panaderías colectivas con los que cubren sus necesidades alimenticias;

– se come de manera frugal, arroz, fríjoles, fruta, y puntualmente carne de ave, huevos, caña de azúcar… sin ayuda del Estado ni de ONGs. Las condiciones materiales son mínimas pero no falta lo esencial, lejos de la sociedad de consumo euro-estadounidense, de los centros comerciales y créditos al consumo;

– hay excedentes que se venden a los no zapatistas que viven de los subsidios del PRI, partido del Gobierno, lo que permite a los zapatistas acumular un dinero para la compra colectiva de lo que no tienen, máquinas, material de oficina, ordenadores y vehículos para el traslado del personal a los encuentros desde los rincones de la zona.

Los informantes, establecen tres apartados sociales asumidos por la colectividad como son la educación, la sanidad y la justicia, dirigidos de forma rotatoria no por profesionales sino por voluntarios, ocupándose los vecinos del cuidado de las tierras y hogares de los voluntarios mientras dure su prestación comunitaria. Un total de 600 escuelas zapatistas ofertan tres ciclos de estudio. Por doquier, hay clases de lengua indígena y castellana, de historia colonial y educación política (crítica del capitalismo, estudio de las luchas sociales en otros países), de matemáticas y ciencias naturales (vida y medio ambiente).

Las tareas de limpieza y murales, es trabajo colectivo y cotidiano. A partir del Segundo Ciclo, los jóvenes de unos 15 años, alfabetizados ya, pueden presentarse a un cargo tras una votación en Asamblea y formación de 3 meses. Y a todo esto habría que añadir la Universidad Zapatista de San Cristobal.

-El sistema sanitario, con sus casas de salud, asegura una atención sanitaria de calidad desde ecografías, revisiones oftalmológicas, y en cada cabecera departamental hay una clínica con médicos voluntarios extranjeros.

La justicia está garantizada por voluntarios y comisiones ad hoc, que abordan los litigios sobre tierras, enfrentamientos entre pueblos, teniendo como objetivo reparar en vez de castigar: discusión con el inculpado, trabajos comunitarios en lugar de prisión… La justicia se ha ganado el respeto de los no zapatistas por la reducción de la delincuencia y la violencia machista a lo que contribuyó la primera Ley Zapatista impuesta por las mujeres, la prohibición del alcohol. Los cargos son rotativos y revocables lo que garantiza una política desprofesionalizada. Las mujeres, quizás menos propensas a asumir responsabilidades ocupan un cargo entre dos a tres.

La originalidad del zapatismo está constituida por elementos aparentemente incompatibles pero que con el tiempo han pasado a ser inseparables. Existe un corazón indígena que lo componen tzotziles, tzeltales, tojolabales y choles con una larga historia de resistencia anticolonial; está el papel de la religión, el catolicismo sincrético mexicano, como también la Teología de la Liberación. No se ha de olvidar que desde el S.XVI los únicos defensores de los indígenas de México frente a los conquistadores, fueron religiosos como Bartolomé de las Casas, o como el Obispo Vasco de Quiroga con su proyecto de una “República de Indigenas”.

Hay también un elemento marxista-leninista, desencadenante de las guerrillas de los años 1960-70 y que se transformó en 1994, en una lucha sistemática contra el neoliberalismo con su apropiación de las materias primas, y mercantilización de los modos de vida. Y existe un componente de tipo libertario antipatriarcal, pues la igualdad de género radical se remite a una época precolonial. Sin olvidar por otra parte los afectos de una amplia red de apoyo, desde músicos, activistas, cineastas, intelectuales. Pese a todo este “coctel” el zapatismo es en primer lugar una combinación de la igualdad y de la diferencia, de una herencia comunista desde abajo y de la incansable promoción de la diversidad étnica, cultural, sexual.

Para finalizar recordar que frente a la amplia red de solidaridad que goza el zapatismo, su caminar está lleno de obstáculos y trampas: docenas de puestos de control por parte del ejército federal; paramilitares que siguen sembrando el terror, multinacionales más presentes que nunca en el estado más pobre de México pero su primer proveedor de petróleo, café y energía eléctrica; y en el propio espacio zapatista, los no zapatistas, las subvenciones estatales, los sobornos de los partidos, los caciques que embolsan fortunas vendiendo tierras a empresas mineras…, estás, son algunas de sus amenazas. La historia del zapatismo, en su relación con el estado mexicano, queda condensada en tres palabras: “CONTRA” (guerra durante 12 días), “CON” (9 años de intentos para llegar a un acuerdo) y “SIN” (desde 2003). No pensamos, dicen, formar un Estado dentro del Estado, sino un lugar donde vivir libres.

¡La revolución zapatista persiste. Gora Errekaleor!

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“Miedo”-Imanol Olabarria-

“Miedo”-Imanol Olabarria-

MIEDOS

El pasado 21 de abril, la librería Zapateneo y el colectivo Súkubo nos invitaban con motivo de la presentación del sexto número de la Revista “LA MADEJA”, a una exposición-debate sobre los miedos desde los feminismos, contenido de dicha revista.

Días más tarde, tras la lectura de su editorial y una parte de sus colaboraciones, decidí hacerme eco de su contenido, aireando una temática poco abordada, miedos desde los feminismos, tal como sus protagonistas nos los exponen. ¿Cuáles son los miedos que sentimos?, se preguntan. ¿Qué quieren decirnos? ¿Cómo nos sentimos? ¿Qué hacemos cuando nos afectan? ¿Qué tienen que ver los miedos con el poder…? ¿Porqué reflexionar sobre ellos desde los feminismos?

Estas y más preguntas incluyen la editorial de la susodicha revista. Los miedos, como otras cuestiones, tienen que ver con las distintas relaciones que mantenemos, o momentos que travesamos. Y hasta hay miedos, que tienen que ver con nuestros privilegios. Pues, no da igual, ser blanca, negra, nativa, extranjera, o tener trabajo o carecer de él, tener o no cargas familiares, ser hombre, mujer, o gitano. Lo miedos pueden tener un contenido de clase, de género, de orientación sexual, y esto a veces se nos olvida. Y a veces también olvidamos, que todos tenemos miedos, y que cada miedo puede tener recorridos distintos, que hay miedos que nos bloquean, y miedos que nos catapultan nos espolean y hasta nos enriquecen.

Hay miedos, vinculados al espacio que ocupamos, a la edad, como el miedo a la vejez, a la soledad o a la muerte. Hay fronteras físicas y no físicas. Las no físicas, son las que van unidas al miedo, al rechazo, a salir de la “normalidad impuesta” a no encajar en un mundo heteropatriarcal, miedo a salir del armario, o a asumir identidades cambiantes en el tiempo. Y hay fronteras físicas, que dificultan empatizar, con gente de culturas, lenguas, posiciones sociales, pensamiento, y religiones diferentes. Lo dicho hasta ahora es más bien una síntesis muy personal de dicha revista. Vaya mi aplauso a sus colaboradoras, pues exteriorizar los miedos en una sociedad tan mediática supone desprenderse de máscaras que ocultan nuestros desasosiegos, que nos obligaban a vivir con la sonrisa permanente a flor de labios.

Intentaría ahora ahondar, a título personal en cuestiones ya mencionadas. Como “hay miedos que tienen que ver con nuestros privilegios”, o más concretamente con el miedo a perderlos. Frente a quienes en el Sur, nacieron, vivieron y murieron y morirán, sin salirse de la crisis, hoy en este Norte nuestro, enriquecido por las guerras y el expolio del resto del mundo, y que ha hecho de sus caprichos un derecho, se tambalea nuestro buen vivir. Hechizados por el poder, y su despilfarro provocador, iniciamos la búsqueda de los responsables de nuestro malestar, entre nuestros sectores más desfavorecidos. Incapaces de enfrentarnos al PODER, buscamos cabezas de turco para nuestro desfogue y entretenimiento.

Hoy, surgen miedos que nos afectan a sectores cada vez más amplios, el paro, los desahucios, las reestructuraciones laborales, desnutrición, deslocalizaciones empresariales, contaminación, pensiones y trabajos que no permiten vivir dignamente, y sentimientos de no ser sino “un no necesario” ni siquiera para ser explotado, a los que sigue la soledad y los suicidios en aumento. Creímos en la democracia, y renunciamos a nuestro protagonismo y nos volvimos creyentes y votantes; interiorizamos que los derechos conquistados con la lucha no tendrían caducidad y bajamos la guardia; renunciamos a sueños compartidos y abandonamos las trincheras. Y hoy constituimos una muchedumbre de solitarios, reducidos al papel de espectadores que tememos por nuestro propio fin.

Vivimos en un Occidente, blanco, cristiano, demócrata, “antiterrorista” que ha perdido su norte:

–  Como cuando el negocio de la vivienda nos lleva al sinsentido de dejar sin casa a tanta gente cuando hay más de 8millones de casas vacías a nivel estatal, convirtiendo la abundancia en escasez;

– Como cuando la guerra, “INDUSTRIA DE LA MUERTE”, acapara ella sola un tercio del total de las inversiones de los I+D+I, y constituye la principal fuente de los inventos tecnológicos con los que saquea, extorsiona países y hasta continentes;

– O como cuando, sesenta y cinco millones de personas vagan sin destino empujadas por el hambre y la guerra, y teniendo por causa no la escasez sino un reparto interesado e inconfesable. Si bien esta problemática social transciende, rebasa el terreno de género, no podemos menos de reconocer que la mujer sigue siendo su principal víctima. Carecemos de horizontes comunes. Se impone, frente a un pasado que nos enseñó a pensar por uno mismo, un aprender a pensar con otros, para trabajar juntos lo que nos pasa.

NO BUSQUEMOS A NUESTROS ENEMIGOS ENTRE LAS FILAS DEL SEPE (antiguo INEM), ni ENTRE LOS PERCEPTORES DE LA RGI.

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