Hace unos días la vecindad del popular barrio de Otxarkoaga de Bilbao sufrió una terrible agresión  cuyas  heridas  tardarán en sanar. Lucia y Rafael dos personas muy conocidas,  octogenarias e indefensas fueron atacadas  en su domicilio muriendo como consecuencia de las heridas sufridas. Y a nadie se le escapa que este hecho violento puede dañar lo que se considera como normalidad y estabilidad de la vida colectiva, y que guiados por las emociones más primarias se impulsen actitudes y respuestas viscerales que en nada ayuden a reflexionar sobre lo ocurrido para caminar en la búsqueda de soluciones. 

El vecino de Otxarkoaga Karlos Renedo, que se presenta en Twitter como “militante de una ciudad común”, ha abierto un hilo interesante para acercarnos a la problemática que vive este barrio, su barrio,  olvidado, en su opinión,  por las instituciones. Estas son algunas de sus interesantes reflexiones.

Karlos Renedo manifiesta:

 * Que lejos de los mensajes lanzados desde determinados medios de comunicación estos últimos días,  Otxarkoaga es, estadísticamente,  el segundo barrio con menos delitos de Bilbao.

* Que en Otxarkoaga se vive la desigualdad social que existe en Bilbao de forma brutal. La renta es 3 veces inferior a otros barrios de Bilbao y también es menor la esperanza de vida respecto a otros barrios de la ciudad.

* Recogiendo algunas intervenciones institucionales Renedo subraya que Aburto, alcalde de Bilbao, quiere confundir seguridad con policías y cámaras cuando, en su opinión,  un barrio seguro es un barrio con vida y con personas de confianza cercanas.

* Que en Bilbao siempre ha gobernado la derecha, que  las inversiones en un barrio trabajador históricamente de izquierdas han sido una birria comparadas con otras zonas,  que cientos de mayores no salen de casa y que no pueden bajar del 5º piso  donde viven por carecer de ascensores.

* Que los recortes sociales agravan la vida de las personas del barrio que atraviesan circunstancias de dependencia, paro y exclusión social; y que las instituciones no son capaces de responder a estas realidades.

* Que la solución vendrá por una mesa compartida que aborde los problemas del barrio de forma integral: actividad económica, educación, urbanismo, rehabilitación de edificios, servicios públicos, transporte, etc…)

* Que se necesitan compromisos institucionales previos: cuánto dinero y cuántos recursos vamos a dedicar para saldar la deuda con este barrio tantos años marginado.  Lo demás, añade,  seguirá siendo poses o parches.

En entrevista realizada por el diario “DEIA”, Jon Elordui, psicólogo y educador social plantea, sobre todo, la necesidad de procesos educativos encaminados a la rehabilitación de estos adolescentes.

El diario “GARA” con fecha 29 de enero publicaba una larga e interesante entrevista con Iñaki Esparza, Catedrático de Derecho Procesal de a UPV-EHU. Este jurista apuntaba aspectos muy interesantes para la reflexión como por ejemplo evaluar, detectar fallos y tratar de corregirlos, evitar el proceso penal y que estas personas que puedan estar en situación de exclusión puedan actuar como ciudadanos normales; etc.

Pero ¿qué es la normalidad? ¿Convivir con la pobreza y la exclusión como si se trataran de fenómenos naturales? La desigualdad social va en aumento y se ha cronificado. Como sociedad nos hemos acostumbrado y hemos asumido que la exclusión y la pobreza son fracasos individuales. Karlos Renedo nos hace una fotografía del barrio y de alguna manera aborda, además del déficit de recursos sociales,  la desigualdad social existente en Otxarkoaga. Sin embargo Jon Elordui e Iñaki Esparza tratan este doloroso hecho incidiendo, sobre todo, en las responsabilidades individuales de las personas que los cometen, en este caso de los chicos, y que evidentemente  no se deben pasar por alto.

Soy de la opinión que las situaciones de desigualdad conviviendo con una agresiva sociedad de consumo son un grave atentado a la convivencia social. A nivel más micro, la desigualdad social degrada a las personas y sus efectos pueden resultar demoledores. La cotidianidad atravesada por la pobreza se vuelve frustrante e insoportable. La convivencia familiar y social se va deteriorando. La vida en los márgenes sociales es hiriente y muy dolorosa. Y cuando ocurre algo tan terrible como que unos jóvenes, casi niños, matan a dos personas indefensas nos escandalizamos.

Además de la tristeza y el coraje que este suceso me ha originado está la preocupación por el encarcelamiento de los tres jóvenes en la cárcel de Zumárraga. Otra vez el recurso al aislamiento y al encarcelamiento de los pobres como respuesta al fracaso de las políticas sociales. ¿Alguien con un mínimo de sensibilidad y sentido común puede pensar que después de pasar años encarcelados en un lugar donde la contención y la seguridad priman frente a procesos rehabilitadores, estos jóvenes habrán sanado sus heridas?

Suscribo totalmente la frase del jurista Iñaki Esparza “Hemos fallado como sociedad, hay que recuperar a esas personas”

Me atrevo a sugerir a los portavoces del movimiento asociativo de Otxarkoaga, que en momentos tan difíciles para su barrio han mostrado, en sus comparecencias públicas, cercanía y sensibilidad tanto con la familia de Lucia y Rafael como hacia los jóvenes detenidos,  que no abandonen a estos chicos durante su encarcelamiento.

Bego Oleaga

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