Si existe un colectivo especialmente demonizado  en la prensa mayoritaria de este país, ése es el lucifer sindical vasco, el sindicato ELA.

Los intentos de desacreditarlo o ningunearlo han sido constantes, desde la prensa, la gran mayoría de los partidos políticos, por supuesto la patronal,  y también desde las administraciones públicas, sobre todo el Gobierno Vasco.

Afortunadamente -o desgraciadamente para ellos- el acoso no ha dado los frutos esperados y ELA sigue siendo el sindicato preferido de las trabajadoras y trabajadores vascos.

Eso se debe, en buena parte, a su actitud combativa junto con otros sindicatos de la mayoría sindical vasca, pero también a su independencia económica de las instituciones gubernamentales.

Esa independencia ha posibilitado  la utilización de  la caja de resistencia en determinados conflictos: una herramienta que ha contribuido a mantener huelgas vivas durante periodos prolongados de tiempo.

Dejaré para otra ocasión la crítica al  modelo sindical actual, en el que de una manera u otra también participa ELA, para centrarme en denunciar el último ataque sufrido precisamente contra la herramienta de la caja de resistencia.

La DFB, ha pedido que las aportaciones de la caja de resistencia tributen como renta de trabajo,  algo que a todas luces va más allá de razones técnicas y supone una toma de postura de esta institución -que debería ser de todas y todos- del lado de la patronal,  frente al derecho efectivo a la huelga.

Sigue este ataque la línea de la patronal, cuando insinuaba que deberían ilegalizarse ciertos sindicatos, o del PNV cuando acusaba a ELA de hacer política y salirse de sus funciones, o del Gobierno Vasco que prefiere  a sindicatos más dóciles en ciertos ámbitos de la  negociación colectiva, los cursos de formación…

 La huelga -hoy en día- está lejos de ser la panacea que fue en  la lucha de las trabajadoras y trabajadores , que cada vez  están más precarizadas, temporalizadas, desorganizadas…, pero continúa siendo una herramienta imprescindible a la que no podemos renunciar.

La próxima huelga feminista puedes ser una experiencia interesante para actualizar las huelgas, incluyendo huelga de consumo, de cuidados…; del mismo modo que el feminismo debiera ser ejemplo para las luchas de hombres y mujeres.

Sin embargo, experiencias como la huelga de las residencias en Bizkaia, y otras anteriores,  nos muestran que la huelga tradicional todavía es muy útil en algunos casos.

Por eso,  es necesario denunciar de manera unitaria cualquier ataque al derecho efectivo de huelga como el que ahora se produce por parte de la DFB. Ladran, luego cabalgamos.

Juan Ibarrondo

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