Europa dice estar inquieta por el auge de los partidos ultraderechistas en Francia, Italia, Austria, Alemania… y, sin embargo, aplaude con las orejas las políticas económicas y criminales del Gobierno del Reino de España netamente ultraderechistas y, en total consonancia, con las de los gobiernos más imperialistas del mundo, como son, Estado Unidos, Inglaterra, Rusia, Israel o Arabia Saudí, por citar algunos de los más representativos.

Los líderes de esos partidos neofascistas, tendrían que hacer un Master impartido por la plana mayor del Consejo de Ministros y de los miembros del Tribunal Constitucional para aprender cómo se disfraza al lobo de cordero, con que celeridad se hacen efectivos artículos constitucionales para suspender autogobiernos, o se encarcela por sedición a quienes tratan de dar la voz y el voto al pueblo, mientras permanecen caducados en el congelador de su Carta Magna otros artículos que consagran derechos fundamentales como el trabajo o la vivienda.

También, les podrán adoctrinar en el arte del camuflaje, en la confección de cortinas de humo para ocultar el “modus operandi” de una maquinaria estatal que utiliza el dinero de los impuestos, pagados por las personas trabajadoras y consumidoras, para el lucro de la industria armamentista, para beneficio del holding del cemento, para financiar los espolios y especulaciones de los banqueros que eligen a ministros y jueces.

Pero, sobre todo, podrán adoctrinarles en dos de las disciplinas científicas más refinadas de cualquier dictadura disfrazada de democracia como la española: la corruptología y la mafiología, es decir, en las técnicas para hacer desaparecer expedientes inculpatorios en sede judicial, o realizar milagros divinos como “suicidios” e “infartos” de quienes entre sus filas puedan destapar sus obscenos y sucios negocios (Dios siempre estuvo del lado de La Patria y del Rey). Si alguien teme que surja un partido ultraderechista en España, es porque no se entera de quienes nos gobiernan y, porque aún no se ha dado cuenta, después de tantos años, de que en España no solo existen presos políticos, sino que todas estamos presas en la cárcel de su sacrosanta patria.

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