VIERNES NEGRO: ANTESALA DE LA ORGIA DEL CONSUMO NAVIDEÑO

El pasado viernes día 24, denominado en castellano Viernes Negro y término  acuñado en Nueva York, ya forma parte de nuestra  idiosincrasia consumista y significa el comienzo del disparatado consumo navideño. ¿Qué tal si intentamos hincar  el diente, a lo que se esconde tras el brillante y atractivo espectáculo de esa ropa que nos atrae con tanta fuerza?

¿Recordáis el incendio ocurrido en una fábrica de Bangladesh en el 2012 en el que murieron más de mil trescientas personas y en el que otras dos mil cuatrocientas resultaron heridas? Confeccionaban ropa para empresas como INDITEX, MANGO, GAP o BENETTON.

Esta catástrofe humanitaria, cuyas víctimas fueron fundamentalmente mujeres,  hizo reflexionar a  Carry Somers diseñadora y empresaria del mundo de la moda de origen británico y lanzar el movimiento Fashion Revolution que plantea un mensaje crítico sobre las condiciones laborales y la falta de transparencia de muchas marcas.

Carry Somers reflexionó mediante una conferencia que tuvo lugar en la Alhóndiga de Bilbo el 17 de noviembre, sobre la opacidad del mercado de la moda y el empleo digno. Criticó a los gobiernos y firmas que han ignorado los innumerables accidentes registrados en  las fábricas e invitó a las asistentes, mayoritariamente mujeres, a preguntarse cada vez que vayan a comprar: “¿Quién hace mi ropa? También animó a  la reutilización de la ropa,  a su intercambio, a comprarla de segunda mano, etc.

 Tansy E. Hoskins, escritora, periodista y activista inglesa, en su libro “Manual anticapitalista de la moda” “se adentra en el fascinante mundo de la moda, explorando sus fábricas de consumismo, para mostrarnos a los auténticos beneficiarios de la explotación, y diseccionando la relación vampírica de la moda con el planeta y con nuestros cuerpos para descubrir qué la hacen tan dañina” En una interesante entrevista que María Suarez realiza a Tansy y publicada recientemente en la revista 7KA de Gara esta escritora  va desgranando reflexiones como…

-“… la industria textil en Banglaesh es tan precaria que en muchos casos no se ha podido probar que ciertas víctimas trabajasen en la fábrica, así que oficialmente se les da por desaparecidas, no muertas”

-En referencia a trabajadores de fábrica de ropa de Gran Bretaña que ganan tres libras por hora de trabajo (unos 3,5€) manifiesta: “… Normalmente son las mujeres las que terminan trabajando con estos salarios tan bajos, mujeres de grupos marginales de la sociedad, con el inglés normalmente como segunda lengua, que no están unidas a ninguna red de apoyo o sindicato y están explotadas”.

-“… No ver nada es un acto tan político como ver algo”. Nos recuerda Tansy.

Y llegamos al 25 de Noviembre “Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. Diría que en el imaginario social, la violencia contra las mujeres se circunscribe a los asesinatos y violaciones que sufren las mujeres pero ¿Qué ocurre con las brutales violencias, más cercanas, que por naturalizadas o ignoradas están totalmente invisibilizadas? Algunos ejemplos.

Esclavas en prisión— En la macrocárcel de Zuera,  en Zaragoza, una mujer trabajadora  de los talleres productivos, en jornada laboral de 9 horas diarias de  lunes a viernes, percibe la cantidad mensual de 121,53 euros (0.75€ la hora). Los sueldos están muy por debajo del mínimo y no se cotizan ni la mitad de las horas trabajadas en prisión. Trabajan para El Corte Inglés y Zara Home.

Mujeres expresas políticas que tras cumplir condena de prisión, la sombra de la cárcel les persigue y castiga anulando derechos políticos y civiles.

Empleadas de hogar. Según SOS Racismo las condiciones de las empleadas de hogar siguen al borde de nuevas formas de esclavitud, y la situación de las mujeres inmigrantes trabajadoras no comunitarias en este sector,  es de fuerte precariedad. En Euskadi entre las que están en régimen interno, las extranjeras no comunitarias alcanzan el 80% y son estas últimas las que están en situación de mayor vulnerabilidad y sufren las peores condiciones de explotación, discriminación y acoso sexual.

Aparadoras, las mujeres que cosen las piezas de que se compone el calzado. En Elche nadie quiere hablar de una realidad económica que se ha consolidado en los últimos 30 años. Nada de cotizar, nada de denunciar las condiciones laborales, ningún reconocimiento médico por enfermedad laboral. Todavía es común ver talleres clandestinos con las ventanas pintadas en los bajos de las casas. En ellos trabajan sobre todo mujeres de mediana edad, casadas y con al menos cuatro personas en su hogar que forman parte de la cadena de montaje del calzado, la actividad económica principal de ciudades alicantinas como Elche, Elda o Torrevieja. (estudio realizado en la Universidad de Alicante) El número real de personas enfermas por la ‘parálisis del calzado’ es incierto a causa de la elevada clandestinidad del sector ( trabajadores a domicilio, talleres clandestinos inmigrantes irregulares…)

Todos los días son el día de la violencia contra la mayoría de seres humanos en general y contra las mujeres en particular.  ¿“QUIENHIZOMIROPA”?

IBON IPARRAGIRRE ETXERA

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