Hay cosas que están claras,  y es que el control, el miedo, el acoso se agarran a las vísceras y se te quedan prendidas en el cuerpo. Si algo hace a una mujer, pero también a una bollera, a un hombre con pluma, a una persona sexualmente indefinible, es estar atravesada por esta experiencia… que no es propia, que no es únicamente de las violadas, agredidas o usadas, sino de todas.

Esta experiencia, tan extraña para otra parte de la humanidad, a la que que llamaríamos los hombres, cis y heterosexuales, por ir acotando; esa experiencia es la que crea  una memoria colectiva: la memoria del cuerpo como objeto de uso y abuso.

Una memoria que se acaba transmitiendo, por desgracia, a las generaciones venideras. Una memoria que nos enseña a cuidarnos a costa de la propia libertad.

Y es que hay cuerpos que son educados en el miedo. En el control del vestuario , en la discreción de lo que se habla, en la negación de movimientos, espacios y horarios. Es una memoria que nos acompaña para recordarnos que nuestros cuerpos son vulnerables para esa parte de la humanidad, que esta educada en justo todo lo contrario.  Es en esta educació machista donde surge la que llamamos “cultura de la violación”.

Vivimos en la “cultura de la violación”, es decir, en la cultura  del machismo, de la violencia de género, porque el genero es la violencia en si, y eso significa que la realidad viene determinada por sus referencias androcéntricas, y que luego los hechos son integrados bajo el significado que otorgan esas mismas referencias.

En el caso de Pamplona, la situación  es paradigmatica: una muchacha sola en la calle, de noche, en una ciudad en fiestas, fiestas que se basan en excitar el más profundo fondo salvaje de los hombres torturando animales, ¿qué puede esperar sino ser violada?

Vivir con la sensación, la seguridad, de que el mundo nos es agresivo e inseguro es la forma de vida de mas de la mitad de la humanidad, en ella se nos educa y con el miedo que transmite nos toca vivir. 

El miedo que produce un grupo de hombres, porque los hombres cuando se juntan no pueden hacer nada bueno, soldados, cuadrillas, de toreros o de blusas, de hooligans o deportistas, grupos, hordas o manadas, cuyo objetivo ultimo es demostrar su hombría. Esa hombría que se demuestra con el acoso, la agresión y la violación hacia  los cuerpos que no son leídos como los suyos, cuerpos que no son de hombres.

Esa es la “cultura de la violación”. La que  enseña a los hombres a como se debe ser hombre. Una cultura que se enseña en escuelas y centros educativos, en los medios de comunicación y en los espacios de ocio y tiempo libre. Una cultura que se potencia también desde las administraciones que no dudan en subvencionar y dotar de recursos a los sectores de la sociedad que la expanden.

Y es aquí donde quiero llegar. Las leyes deben protegernos, pero hay quien cree todavía que la igualdad se consigue con leyes, y las leyes no son suficientes. Es necesario cuestionar los valores en los  que se nos educan: a la gran mayoría se nos informa del peligro que corren nuestros cuerpos cuando hacen uso de la libertad que tienen otros cuerpos, la de los hombres, a los que se les educa en la dominación, en el machismo.

No es  educación, ni  información lo que necesitamos, esa ya la guarda el cuerpo,necesitamos autodefensa y combate cultural. Necesitamos el feminismo.

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