¡RENDÍOS, MALDITOS CATALANES!

Escribo las palabras de esta Escotilla antes de saber el resultado del referéndum en Catalunya sobre su independencia, caso de haberlo habido, que ahora mismo (27 de septiembre, Gudari Eguna) no lo sé, y que el lector ya sabrá qué ha pasado. Sin embargo, e independientemente de lo que haya sucedido, pienso que se pueden decir algunas cosas de alguna relevancia sin que importe mucho, ya digo, el resultado del referéndum suponiendo que se celebre, que yo, en este minuto en que escribo, y no quiero ser agorero, estoy en que no, pero espero haberme equivocado.

Lo primero que digo es que ha quedado patente el carácter fascista y policial del Estado español. Un régimen, el español, que ha dado en llamarse -y parece que se consolida la expresión- el “Régimen del 78”,y que yo, supongo que cazurramente, sigo llamando “Régimen del 39”,año del final de la guerra civil con la victoria de los fascistas sobre el pueblo español. Y lo digo así porque, que yo sepa, Franco murió en la cama -más bien en un quirófano y de muy mala manera como se merecía un bicho de esta calaña- y, como suele decirse, de aquellos barros estos lodos porque,

que yo sepa también, aquí nunca ha habido aquello que se dio en llamar “ruptura democrática” y sí, por el contrario, una Reforma que no ha reformado nada salvo un lavado de cara a la fachada del fascismo de siempre con la ayuda y sostén de una “oposición” que contribuyó a ampliar su base social y mantener el tiempo que se pueda la llamada “Transición” y el tinglado de esta antigua farsa.

Lo segundo que se podría decir es que el invento llamado “Estado de las Autonomías”, pensado para no afrontar el sempiterno y mal llamado “problema de las nacionalidades”:Euskadi, Catalunya, Galiza y la colonia canaria amén de las plazas africanas de Ceuta y Melilla, se ha ido literalmente a pique, al garete. Lo que ha sucedido estos días en Barcelona lo prueba. Pase lo que pase en la Ciudad Condal ya nada será lo mismo.

Es posible que sorprenda el desmesurado despliegue de fuerzas de ocupación españolas en Barcelona, realmente increíble, o no tanto conociendo el percal. Solamente esto bastaría para probar mi teoría del carácter fascista y policíaco -hasta Artur Mas lo ha señalado así- del Estado español o, si se prefiere, la quiebra del “Régimen del 78” -concederé a sabiendas de que tengo esta batalla perdida-,pero, sin conformarme con eso, estoy por decir que el Estado español se la juega en Catalunya en el sentido de que el armazón artificial y artificioso del Estado español se demostrará como lo que realmente es: un Estado fallido. Y ello porque, mientras el sintagma “España” no es una nación ni nunca lo fue -aunque así se perciba-,Catalunya sí es una nación, aunque sin Estado, eso sí.

El Estado español puede desmoronarse pasado mañana mismo dejando paso a una verdadera democracia, aunque sea a la burguesa manera, formal, de corte europeo donde, al menos, guardan las formas, como se vió en el referéndum escocés o en el Brexit británico. O también puede implantar, descarnadamente y sin caretas, la bota fascista sin que les importe una higa la repercusión internacional. Y es que para el Estado fascista español que Catalunya no se vaya, no se separe, es casi cuestión de vida o muerte. Y, sobre todo, una cuestión de “razón de Estado”, de supervivencia, como por ejemplo, lo es Navarra respecto de Euskal Herria. Es ahí, en estas piedras de toque, donde se juntan -cuando de la unidad del Estado se trata, de la unidad de España, como le dicen- el PP, el PsoE, Ciudadanos y también Podemos. Es ahí donde se ve la catadura moral y el perfil democrático de un partido político.

Apelan y se agarran desesperadamente a la ley, a la Constitución, como si fuera un becerro de oro -una ley que vino como vino, por cierto, pero es otro tema-.Y lo más irónico y desfachatado, lo que roza lo patético y ridículo, invocan esa ley los hijos y nietos del golpe militar-fascista del 18 de julio de 1936 que acusan -hay que joderse- de “golpistas” a quienes en Catalunya no reivindican otra cosa más democrática que la celebración de un referéndum para saber qué piensa y qué quiere la ciudadanía catalana:¡tiene collons la cosa!

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