ATENTADOS DE AGOSTO EN CATALUÑA

Angustia, sudor, pánico, congoja, lágrimas, dolor, ansiedad, zozobra, desesperación, terror, fobia, miedo, acompañaros de inmediato a los atentados de Cataluña. Y a este primer estado de “crisis” de forma inmediata e imprevista, se impuso el sálvese quien pueda,  escapando en todas direcciones sin norte alguno.

Bastantes horas más tarde, de forma gradual y como por contagio,  surgieron grupos y voces agrupadas, expresiones de desahogo compartidos, junto a exteriorizaciones islamófobas, racistas, y de rechazo a la población musulmana e inmigrante.

Al día siguiente afloraban a través de los medios de comunicación, críticas interesadas, creo yo, a la falta de coordinación entre los distintos grupos policiales y al independentismo, y un aplauso generalizado a los mossos  y colectivos implicados en la evacuación de las víctimas del atentado.

A la vez se hacía público un cierto cuestionamiento minoritario del proceder policial, “hemos asistido a la muerte en directo, sin juicio, de seis personas  ¿estamos de acuerdo?”. Todo ello acompañado de una cierta alerta o llamada, sobre el modelo de seguridad en adelante para con personas con un determinado perfil físico.

El “No tinc por” (¡no tengo miedo!) voceado masivamente en la manifestación, he de confesar, me descolocó, me confundió. Pensé que,  podía ser algo diseñado por las fuerzas armadas en su búsqueda de su legitimación, y al que se adhirió la multitud. Pensé posteriormente que tras el atentado “No tinc por” no tenía mayor fondo, y respondía a una respuesta social enmarcada en “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

En los días posteriores, tertulianos y politólogos soltaban baba en los medios de comunicación trivializando, abundando en tópicos, como “fanáticos que saben más de explosivos que de historia”, y  “un Islam que mantiene contenidos ideológicos poco compatibles con nuestra democracia”, denunciaban la paja en el ojo ajeno,  ignorando la viga en el propio.

Aparte de lo dicho, poco o ninguna reflexión he conocido que invitase o denunciase las causas sociales, políticas, económicas que pudieran subyacer bajo estos hechos luctuosos lo que permitiría extirpar desde su raíz comportamientos similares.

“¿CÓMO DEFENDERSE DEL MIEDO?”,  se preguntaba cierta prensa. Erradicando el odio, creo yo, decía yo,  y no desde luego abatiendo a botepronto, o a quemarropa a los mensajeros del mismo, ni con más fuerza bruta ni a cañonazos.

Para escapar del miedo, debiéramos hurgar en los motivos por los que somos odiados, debiendo preguntarnos: ¿Qué somos; a qué aspiramos, con qué soñamos; y a costa de qué y quienes lo conseguiremos, esas aún  mayores cotas de “bienestar” y desigualdad.

Contemplarnos, quizás debiera llevarnos a cambiar de gafas para ver el mundo, incluido el Sur, pues si solo vemos lo que queremos ver, más pronto que tarde,  llegaran más días malos y podremos quedarnos ciegos.

¿Cómo defendernos del miedo?, se impone hacer una pausa y repensar pero lo cierto es que hace mucho que se inventó la pólvora. Y ya hay,  quienes dicen que en este mundo globalizado los intereses que priman, son los del Norte; y que ese Norte del que formamos parte se adueñó del mundo no hechizándolo con nuestros valores, sino por el uso sistemático de la fuerza bruta, la guerra.

Y dicen esos pocos y algunos más, que del Norte, Occidente, salen las armas, aunque los Rajoy y Urkullu no quieran darse por enterados, y que de aquí sale la orden de accionar de las mismas. Y dicen que en el Sur, es donde tienen lugar las guerras, que el Sur pone los muertos.

Un Sur que se desangra con sus éxodos forzosos y masivos, 60Millones de personas desplazadas entre los años 2014-2016, datos sin parangón desde la II Guerra Mundial.

¿Causas? Guerra, destrucción, contaminación, precios basura de sus materias, expropiación de las tierras más fértiles por parte de multinacionales para engorde de sus cabañas ganaderas y agrodiesel para su industria y transporte, del Norte, claro.

Dario Azellini, en 2005 ya en su libro “El negocio de la guerra” Editorial Txalaparta aportaba el dato de que 16 países de África, entre otros,  sufrían un descenso en su esperanza de vida. Y es vox populi, de conocimiento general, que la industria farmacéutica atiende preferentemente las demandas del Norte que es quién puede pagar; Stiglis, premio nobel de economía nos recuerda que en 100 años de democracia, en USA se ha vuelto a los niveles de desigualdad de los años 30 del siglo pasado. Y esto no es un fracaso o fruto de la impotencia sino algo diseñado, buscado y celebrado por los poderes del mundo.

En un mundo más rico que nunca, y con desigualdades… donde tan pocos nunca tuvieron tanto, y que mata más que la misma guerra…, este occidente blanco, cristiano y demócrata se sumerge en la industria militar, armándose hasta los dientes para no verse desplazados, en nuestra sin razón por los bárbaros de turno.

Hay quienes matan para entrar en el paraíso, y estamos quienes matamos para no ser expulsados, perpetuarnos en él, en nuestra sociedad consumista.

Opino que el yihadismo ni cae del cielo ni responde a interpretaciones coránicas, sino que surge y es inseparable de los problemas de las sociedades en las que se desenvuelve.

¿No será una respuesta a la interferencia extranjera, por ejemplo, Irak, Afganistan, Siria, y al irresuelto conflicto palestino-israelí, atestado de claudicaciones de la ONU…, sin olvidar las viejas servidumbres Norte-Sur de la época de la colonización?

Y para finalizar quiero compartir con quienes escucháis esta eskotilla este poema del poeta palestino Mahmu Dharwis.

NOSOTROS AMAMOS LA VIDA

Nosotros amamos la vida/  cuando hallamos un camino hacia ella,

Bailamos entre dos mártires y erigimos entre ellos un alminar de violetas o una palmera.

Nosotros amamos la vida, cuando hallamos un camino hacia ella.

Robamos un hilo al gusano de seda para construir nuestro cielo/y concluir este éxodo.

Abrimos la puerta del jardín para que el jazmín salga a las calles cual hermosa mañana.

Nosotros amamos la vida/cuando hallamos un camino hacia ella.

Allá donde estemos, cultivamos plantas/que crecen deprisa y recogemos mártires.

Soplamos en la flauta el color de la lejanía, dibujamos un relincho en el polvo del camino

y escribimos nuestros nombres piedra tras piedra. ¡Oh, relámpago! Ilumina para nosotros la noche, ilumínala un poco.

Nosotros amamos la vida/cuando hallamos un camino hacia ella.

                                                     MAHMU DHARWIS (Poeta palestino)

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