Los cambios que se produjeron en Vitoria-Gasteiz en la década de los ochenta fueron especialmente convulsos. Tras la muerte del dictador, los nuevos aires de libertad que en Europa se dieron décadas atrás, entraron en todo el Estado. Los sucesos del 3 de marzo de 1976 y la respuesta de la clase obrera fueron un revulsivo para la conquista de los derechos y libertades más fundamentales. La ciudad, que en los setenta había pasado de ser una ciudad de militares y curas para convertirse en una urbe de inmigrantes e industria, sufriría una vuelta de tuerca más durante estas últimas décadas. El conservadurismo mantenía todavía su fuerza en la moral de la ciudad y en estos años empezarán a aparecer voces discordantes.

El 8 de marzo de 1982, el amanecer gasteiztarra se despertó con la más chirriante de las afrentas al vitorianismo de toda la vida: la virgen Blanca había sido profanada. Sombras, oscuras y perversas, habían hecho volar a la patrona y, en el día de las mujeres, se demostró que las alas de esta mujer de piedra no podían volar. La imagen quedó destrozada en la entrada de San Miguel. La obra de malvados y alienados, nunca aclarada y sin autor material expreso, fue condenada por la totalidad de los partidos políticos con representación en el ayuntamiento. En los días posteriores una multitud de vitorianos tomó la calle como desagravio a la sacrosanta divinidad y se recaudaron 750000pts en apenas 3 días para reconstruir la musa. La misa celebrada por la patrona congregó más de 20000 personas presididas por el obispo y concelebrada por 80 sacerdotes. En ella se dieron cita las principales autoridades encabezadas por el lehendakari, el diputado general y el gobernador civil.

A pesar de no haberse conocido públicamente quien fue el autor y sus motivaciones, los que se escandalizaron por el hecho y pidieron un castigo inquisitorial para los autores no podían imaginar lo que vendría en los años posteriores. El cambio generacional supuso un abismo entre dos mundos, los jóvenes no querían comulgar con lo que les decían que era tradicional. Cierto sector estaba dispuesto a expresar su contrariedad frente a los valores establecidos por sus mayores, lo hacían sin vergüenzas y sin ningún complejo.

En lugares como esta ciudad, donde el movimiento nacionalista no tenía tanta fuerza se ha facilitado la creación de un movimiento, urbano, desde esferas izquierdistas. En Gasteiz esto se desarrolla desde la Autonomía. Existía un número importante de gente que se movía en estos parámetros autónomos, que rechazaba la participación en los espacios políticos clásicos y pretendía crear ámbitos sociales paralelos desde donde rechazar las propuestas de sectores oficiales. El constante alejamiento de cualquier corriente ideológica daba paso a la creación de espacios en los que expresar las inquietudes de todos los individuos que formaban la existencia social de la calle. Todo lo que fluía por ella era merecedor de ser parte de las experiencias vitales que surgían.

Este movimiento alternativo desarrollado en la década de los ochenta en Vitoria, sin ser aislado, tuvo especial relevancia y amplio desarrollo. El movimiento alternativo fue intenso y productivo en campos como el de la música, cine, arte, radios alternativas, espacios autogestionados… Si bien Pamplona podría ser una realidad más afín a la de Gasteiz, en ambos encontramos elementos diferenciales. A comienzo de la década muchos fueron los estudiantes que recalaron en la ciudad para asistir a la recién creada universidad o para dar clases en los euskaltegis. De todos esos jóvenes muchos fueron los que fijaron su punto de residencia en Vitoria, convirtiendo la ciudad en un gran foco de amalgama ideológica y de juventud. De todo ese sustrato humano empezaron a surgir dinámicas variadas para dar salida a las preocupaciones de los jóvenes que atizarán la realidad obsoleta de la ciudad. Las experiencias fueron variadas: fiestas alternativas, procesiones ateas, Resiste, grupos de música, gaztetxe, mundo del comic, teatro, cine… y dentro de toda esa cantidad de experiencias populares se encuentra Hala Bedi.

 

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